Llega Caravana a campo algodonero, emblema del feminicidio en Juárez

Ciudad Juárez.- Reunidas por la mañana en el Campo Algodonero, ubicado entre la avenida de Las Industrias y Ejército Nacional, las madres de jóvenes desaparecidas y asesinadas en esta entidad, exigieron ser tomadas en cuenta en el Pacto por la Paz con Justicia y Dignidad.
Mujeres con el rostro curtido por la incertidumbre, tomaron con firmeza el micrófono y gritaron ¡justicia!, mientras cientos de activistas les dijeron “No están solas”.
En la voz de la activista Verónica Corchado, las mujeres coincidieron en que éste es el momento de la articulación de todos. Es hora de que se ponga en el centro a las mujeres, a aquellas que aman esta localidad que pese a su inmensidad, no les ofrece oportunidades de desarrollo.
Hablaron de tomar en cuenta “a las indígenas, a las que rezan por sus familias, a las que buscan en la morgue, a las que sepultan, a las que trabajan en la maquiladora, a las que hacen guardia afuera de las escuelas y todas las que pasan noches de angustia y atrapadas por el miedo”.
Evangelina Arce, Consuelo López, Karla Castañeda y otras tantas, pedían el regreso de sus hijas. Leyeron las palabras que momentos antes pensaron decirle a Javier Sicilia. Luego de 30 minutos de palabras, el repique de una campana anunció la llegada del poeta.
Esta era una parada obligada de quien recorrió el país en busca del consuelo, Sicilia arribó a éste, un terreno baldío, que hace medio siglo fue un amplio campo algodonero y que hoy se transformó en lote baldío donde sólo hay arena que junto al sol, sólo crea una sensación de marginación.
Fue aquí, en un montículo de tierra, donde se colocaron ocho cruces rosas para evocar los nombres de las ocho jóvenes y niñas, que entre el 6 y de noviembre de 2001 fueron encontradas sin vida. Un caso que cobró eco internacional y que le valió al Estado mexicano una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por su omisión para proteger la vida de las mujeres.
“Es doloroso estar aquí, con ustedes, en este lugar donde no hay algodón, donde hay sangre”, fueron algunas de las palabras que expresó Sicilia, acompañado de Emilio Álvarez Icaza y de una mujer que se le acercó para contarle su historia, la de su hija desaparecida. Un relato de impunidad que el poeta escuchó con atención.
Al verla le dio el micrófono y ella habló ante los cientos de personas ahí congregadas, y ante los medios de comunicación. “Yo soy madre de Cintia, desapareció a los trece años, ahorita va para tres años. No soy la única madre, somos bastantes, y nomás lo que pedimos, es saber de ellas”.
Ante la multitud que llevaba globos blancos y morados, claveles rosas, blancos y rojos, ante aquellos que llevaban un moño de color negro, Sicilia pidió al Gobernador César Duarte Jáquez, al acalde y a los policías, que se investiguen estos casos y que “dejen de humillar a los juarenses”.
Luego de los aplausos, vivas y porras, los globos se vieron volar por el cielo, los jóvenes gritaron ¡justicia!, las madres se abrazaron y muchos más dejaron flores junto a las cruces colocadas en memoria de Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Monreal y Berenice Ramírez, las únicas que pudieron ser identificadas ya que la deficiente “investigación” no permitió que el resto de las jóvenes halladas en ese campo fueran reconocidas.
Por ello y en su honor, fue que la CoIDH demandó al Estado mexicano colocar un memorial donde deberá mencionar las violaciones a los derechos humanos en que incurrió y que se declararon en la sentencia.
El acto, dice la Corte, deberá llevarse a cabo mediante una ceremonia pública con funcionarios de alto rango y ser transmitido a través de radio y televisión, tanto local como federal. El Estado deberá asegurar la participación de los familiares de las tres víctimas y de sus representantes legales.
Así, estas mujeres que por más de quince años han estado luchando juntas, hoy le dijeron a Sicilia “hable por nosotras”. Ellas saben que la perspectiva de género y los derechos humanos fueron incluidos en este Pacto por la Paz con Justicia y Dignidad, del que dicen “esperan que les traiga algo bueno”.
Por Anayeli García Martínez/CIMAC
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