CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
Miguel Varela no tuvo que tocar la puerta. La puerta estaba detrás de él.
Frente al Palacio de Gobierno, en la entrada de La Casa de los Perros, el alcalde de Zacatecas convirtió su segundo informe en algo más que un recuento de camiones, calles, escrituras y canchas. El escenario dijo una parte. El discurso dijo el resto.
“Sí hay un camino para Zacatecas”, repitió. Y luego dejó la frase que explica buena parte de lo que viene: “El camino es el cambio”.
No era difícil entender a quién le hablaba.
Miguel Varela ha construido su identidad política en oposición abierta al todavía inquilino de esta finca y, por extensión, al grupo político que durante años ha gravitado alrededor del apellido Monreal. No es una diferencia menor ni una discrepancia administrativa. Es una disputa por el relato de Zacatecas: quién puede gobernarlo, desde dónde y con qué modelo.
En marzo, al asumir dentro del PAN la coordinación estatal de Estructuras por el Cambio, Varela ya había puesto la apuesta sobre la mesa: sacar a Morena y a la familia Monreal del gobierno estatal. Ahora, frente al Palacio, cambió el volumen, no el mensaje.
La frase más importante de su informe quizá no estuvo entre los resultados.
“Porque a las personas se les conoce cuando deben decidir entre quedar bien con el poder o estar del lado de la gente. Yo elegí estar con ustedes”.
No necesitó decir David Monreal. Tampoco necesitó decir Morena. La referencia estaba en el aire.
Y ahí aparece el verdadero valor político de este informe. Varela no presentó únicamente una administración municipal que, según su propio balance, recibió sin camiones recolectores y sin recursos suficientes para cubrir la última quincena de 2024, y que después ordenó sus finanzas y recuperó servicios públicos. Presentó una comparación: una forma de gobernar frente a otra, un municipio frente al Palacio de Gobierno.
El alcalde sabe que esa comparación será, desde ahora, el corazón de su discurso rumbo a 2027.
Y no parte de cero. Y tampoco llegó solo. A su lado estuvo Jorge Romero Herrera, presidente nacional del PAN. Una dirigencia nacional no cruza el país para acompañar un informe municipal por cortesía. Lo hace cuando ya decidió qué ficha jugar en 2027.
Distintas mediciones han colocado a Varela al frente de las preferencias internas del PAN. FactoMétrica lo ubicó en junio con 38.1 por ciento, mientras que otras mediciones posteriores también lo mantienen como el perfil panista mejor posicionado dentro de los escenarios evaluados.
Eso no convierte una candidatura en un hecho. Pero sí explica por qué el segundo informe importa más allá del Ayuntamiento.
Varela necesita demostrar que puede hacer algo que al PAN le ha faltado en Zacatecas: convertir una capital gobernada por la oposición en argumento para disputar todo el estado.
Y el reto tiene una segunda puerta.
Si PAN y PRI consiguen ponerse de acuerdo para 2027, Varela tendrá que competir internamente con el nombre que hoy concentra buena parte de las expectativas priistas: Adolfo Fito Bonilla. Distintas mediciones lo colocan entre los perfiles más visibles del tricolor, aunque no existe un escenario único sobre quién encabezaría finalmente esa candidatura.
Si no hay acuerdo, el tablero cambia por completo. Entonces Varela tendría que defender la candidatura panista por su cuenta.
Y ahí, justo detrás del informe, empieza a asomar el problema político.
Porque para enfrentar a Morena no basta con denunciar al monrealismo. Tampoco basta con exhibir diferencias con David Monreal. Varela tendrá que convencer a quien no milita en el PAN. A quien sí quiere un cambio, pero no está dispuesto a firmarle un cheque en blanco a ningún partido. Y a los sectores que ven con desconfianza cualquier intento de armar de nuevo una alianza opositora.
Por eso pesa otra frase de su discurso: “Aquí tienen lugar quienes quieran construir, aunque pensemos distinto”. Es una frase pequeña para una operación política enorme.
Porque el Varela de 2027 necesitará sumar a quienes no votan por el PAN. Necesitará tender puentes con los priistas y con los ciudadanos sin partido, y también con esos grupos que durante años han votado distinto. Y tendrá que hacerlo sin diluir aquello que hoy constituye uno de sus principales activos políticos: presentarse como un hombre dispuesto a plantarse frente al poder.
La escena frente a La Casa de los Perros tiene, por eso, una lectura inevitable.
El alcalde rindió cuentas sobre su gobierno, sí. Pero también dejó claro que su horizonte ya no termina en la Plaza de Armas.
Desde ahí lanzó una promesa: “Este cambio ya nadie lo detiene”. Ahora tendrá que demostrar que puede convertir esa consigna en mayoría.
Porque una cosa es mirar la puerta. Y otra, muy distinta, es estar listo para cruzarla.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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