CARLOS PEÑA BADILLO
Cuando el trabajo lo permite, acostumbro a acompañar a mi esposa a comprar todo lo necesario para la alimentación de la familia. Vamos al supermercado, a la frutería y la carnicería, pero también aprovechamos para poner gasolina. En esos cuatro movimientos nos damos cuenta del aumento intermitente de los precios, de insumos básicos y de los combustibles, y me detengo a reflexionar que todo ello implica un estancamiento de la economía y un aumento en el proceso inflacionario, solo por poner un ejemplo, en China durante el 2025 creció al 6% en su economía general, pero en México no pudimos alcanzar ni siquiera un solo punto de crecimiento, algo está mal.
Y los especialistas señalan que el mal manejo de la economía nacional es la causa de los castigos en los bolsillos de las y los mexicanos, pero también señalan que los niveles de inflación, en términos generales, hoy rondan los 5 puntos porcentuales, pero hay productos como el jitomate que tiene un aumento de casi el 100% porque de 47 pesos ha subido a 90 pesos. Y eso no estaría tan mal si los sueldos de las y los trabajadores fueran creciendo en estos mismos porcentajes.
La realidad es que la gente no vive de cifras oficiales; vive de lo que le alcanza en el mercado, en la tortillería y en la mesa. Hoy todo cuesta más y el salario rinde menos.
Las familias mexicanas ahora deben elegir qué dejar en el supermercado, entre productos cada vez más caros, recurriendo a sustitutos de alimentación y modificando sus hábitos de consumo, mientras la presidenta muestra indolencia y desconocimiento de la situación real. En marzo, el precio de las frutas y verduras se disparó casi 11%, de acuerdo a cifras del INEGI.
El Gobierno Federal no ha logrado contener el impacto inflacionario, de acuerdo al Banco de México, con reportes de inflación general anual aumentando de 3.79% en enero a 4.63% en la primera quincena de marzo de 2026, con una escalada de precios que van en constante aumento sobre todo en productos de la canasta básica como frutas, verduras, huevo y carne.
Cada aumento de precios es un impuesto silencioso contra quienes menos tienen. Porque quien vive al día y no puede “ajustar” su consumo: simplemente dejan de comprar.
Los alimentos, los energéticos y los servicios siguen presionando el bolsillo de la gente. Banxico ha señalado presiones de costos asociadas a alimentos y energéticos, además de mayores presiones en servicios. La tortilla ha llegado a precios de $24.95 por kilo, el limón a $50, el huevo a $40 y la carne a $240.
Mientras se disfrazaba de ayuda humanitaria el envío de combustible regalado a Cuba, en México, el desastroso manejo energético de Morena ha disparado el precio del combustible que registra precios de la gasolina Magna en $24, la Premium en $30 y el Diesel en $30.29.
Lo anterior representa un preocupante indicador de la crítica situación económica nacional.
El verdadero indicador de una economía sana no es el triunfalismo oficial, sino que a la gente le alcance para vivir con dignidad.
Cuando la inflación sube, también sube la angustia en millones de hogares, porque cada peso perdido en poder de compra significa menos comida, menos transporte y menos tranquilidad.
México no necesita excusas ante el alza de precios, necesita resultados. La prioridad debe ser proteger el ingreso familiar y no normalizar que todo esté cada vez más caro.
El PRI exige al Gobierno Federal, un manejo responsable de la economía familiar y medidas para contener la inflación, en defensa del bolsillo de las familias mexicanas.
Sobre la Firma
Diputado, exalcalde, voz opositora firme
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