lunes, abril 27, 2026
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Infancia: el rescate del humano

ANGÉLICA COLIN MERCADO

El Día del Niño representa mucho más que una celebración simbólica dirigida a las infancias; constituye una oportunidad para que las personas adultas reflexionen sobre su propia condición humana. En el transcurso de la vida, las responsabilidades, las normas sociales y las exigencias del entorno tienden a relegar una dimensión esencial de nuestra identidad: el niño o la niña que fuimos. Recuperar ese vínculo no implica retroceder, sino integrar cualidades que pueden contribuir significativamente a la construcción de una sociedad más justa y empática.

La infancia se caracteriza por la curiosidad, la creatividad y la capacidad de asombro. Las niñas y los niños exploran el mundo sin prejuicios rígidos, establecen relaciones basadas en la autenticidad y enfrentan los errores como parte natural del aprendizaje. En contraste, la adultez suele estar marcada por la prisa, el miedo al fracaso y la tendencia a normalizar prácticas que limitan la sensibilidad social. En este sentido, retomar el contacto con nuestro “niño interno” permite cuestionar dichas inercias y abrir nuevas posibilidades de interacción.

Este ejercicio tiene implicaciones profundas en la convivencia social. La empatía, tan presente en la infancia, puede fortalecerse al reconocer la importancia de escuchar, comprender y respetar a los demás. Asimismo, la creatividad favorece la búsqueda de soluciones innovadoras ante problemáticas complejas, mientras que la capacidad de asombro nos invita a valorar aquello que, por cotidiano, suele pasar desapercibido.

En el ámbito educativo, esta reflexión adquiere especial relevancia. Incorporar elementos propios de la infancia, como el juego, la exploración y la participación activa, enriquece los procesos de enseñanza-aprendizaje y promueve una formación integral. No se trata únicamente de enseñar contenidos, sino de formar personas sensibles, críticas y comprometidas con su entorno.

En suma, el Día del Niño puede resignificarse como un llamado a reconectar con aquello que nos hace profundamente humanos. Al integrar las cualidades de la infancia en la vida adulta, se abren caminos hacia una convivencia más solidaria, inclusiva y consciente, capaz de transformar positivamente la realidad social.

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Educadora crítica, madre, directiva universitaria comprometida.
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