CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
Hubo un tiempo en que la política se medía en espectaculares. Rostros gigantes mirando carreteras vacías. Sonrisas impresas sobre lonas que resistían más que las promesas.
Hoy, al menos en el discurso de Morena, la unidad de medida es otra: los kilómetros recorridos. Los zapatos gastados. Las manos estrechadas en plazas donde todavía se discute el precio del frijol, la falta de agua o el miedo que llega con la noche.
La carrera por Zacatecas 2027 avanza sin que exista todavía una candidatura formal. Pero ya hay una competencia visible: quién logra convertir presencia territorial en respaldo ciudadano.
La lógica es sencilla. Morena no presume que elegirá a su futuro abanderado mediante acuerdos de oficina ni por el volumen de una campaña publicitaria. La narrativa oficial sostiene que las encuestas serán el instrumento decisivo. Y si las encuestas mandan, entonces el territorio importa.
No porque la cercanía garantice virtudes políticas. Tampoco porque recorrer municipios convierta automáticamente a alguien en mejor gobernante. Importa porque las mediciones terminan registrando algo elemental: quién existe en la memoria de la gente.
Los datos más recientes de TResearch International muestran ese fenómeno. Entre los aspirantes morenistas a la gubernatura, la senadora Verónica Díaz aparece al frente con 29.5 por ciento de las preferencias. Detrás se ubica Ulises Mejía Haro con 22 por ciento. Más atrás aparecen José Narro Céspedes con 10.4 por ciento y Geovanna Bañuelos con 6.8 por ciento.
Las cifras no representan una elección. Ni siquiera una candidatura definida. Son una fotografía momentánea. Pero las fotografías también cuentan historias.
Y la historia que parece emerger es la de una política que ha privilegiado el trabajo territorial.
Mientras otros actores han concentrado esfuerzos en espacios institucionales o mediáticos, Verónica Díaz ha apostado por una presencia constante en municipios, comunidades y encuentros partidistas. No es casualidad que aparezca encabezando mediciones donde el nivel de conocimiento público suele ser determinante.
Sin embargo, conviene mirar el fenómeno con cierta distancia crítica.
Porque la política mexicana está llena de espejismos estadísticos. Una ventaja en junio de 2026 no equivale a una candidatura en 2027. Mucho menos a una victoria electoral.
Las encuestas premian visibilidad. Pero la visibilidad tiene distintas fuentes. Puede surgir de una estructura territorial eficiente. Puede provenir de una posición institucional relevante. Puede construirse mediante redes políticas consolidadas. O mediante una combinación de todas ellas.
Lo interesante del caso zacatecano es que Morena parece estar sometiendo a prueba su propio discurso.
Desde la dirigencia nacional se impulsó una estrategia de más de 200 asambleas informativas en todo el país. La instrucción es clara: salir a plazas públicas, visitar comunidades, conversar con la ciudadanía y defender los logros de la Cuarta Transformación. En teoría, quien mejor conecte con la población debería reflejarlo después en los sondeos internos.
Es una apuesta por el contacto directo en una época dominada por algoritmos.
Mientras buena parte de la política contemporánea se libra en pantallas, Morena insiste en regresar a la geografía. A los caminos. A los encuentros cara a cara.
La pregunta es si ese modelo seguirá funcionando.
Porque el territorio sigue siendo indispensable, pero ya no es suficiente. Un político puede llenar plazas y aun así fracasar en la conversación pública. Puede recorrer municipios durante años y descubrir que el electorado exige algo más que cercanía: resultados, credibilidad y capacidad de gobierno.
Por eso las cifras de hoy deben leerse con prudencia.
La ventaja que muestran los sondeos para Verónica Díaz puede interpretarse como el reconocimiento a una estrategia territorial persistente. También puede ser simplemente el punto más alto de una curva que todavía tiene semanas por delante.
Lo único evidente es que la competencia interna está lejos de resolverse. Ulises Mejía mantiene una presencia relevante. José Narro conserva una base política propia. Geovanna Bañuelos sigue siendo una figura con peso específico dentro del movimiento. Y todavía falta que el calendario acelere las definiciones.
En Zacatecas nadie tiene asegurada la candidatura. Pero las encuestas están enviando un mensaje que vale la pena escuchar: en la política de Morena, al menos por ahora, siguen contando los zapatos.
Porque antes de conquistar las urnas, hay que conquistar el mapa. Y los mapas no se recorren desde un escritorio.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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