CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
En política hay momentos que se parecen a los puentes colgantes. Desde lejos parecen firmes. De cerca se descubre que cada tabla depende de la siguiente y que cualquier movimiento brusco puede hacer crujir toda la estructura.
Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde atraviesan ahora uno de esos puentes. Mientras en los estados algunos aspirantes ya afilan discursos, reparten sonrisas y cuentan apoyos, en la Ciudad de México todavía se discute el mapa, la ruta y hasta el calendario del viaje.
Aunque a muchos se les quemen las habas, la definición de quienes encabezarán las Coordinaciones Estatales de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación —nombre administrativo de lo que terminarán siendo las candidaturas a las gubernaturas de las 17 entidades que renovarán el cargo en 2027— todavía tiene un largo trecho por recorrer. Y, sobre todo, muchas pinzas que cerrar.
Este martes volverá a reunirse la mesa política encargada de construir los acuerdos de la coalición. Del lado de Morena participan Ariadna Montiel Reyes y Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones. Por el Partido del Trabajo acuden Alberto Anaya y la senadora zacatecana Geovanna Bañuelos de la Torre. Por el Partido Verde, Karen Castrejón Trujillo. No es una reunión más. De ella podrían salir las fechas definitivas que marcarán el inicio formal de la sucesión estatal rumbo a 2027.
Incluso permanece abierta la posibilidad de que los dirigentes comparezcan públicamente el miércoles en un hotel de la Ciudad de México, territorio neutral para evitar lecturas anticipadas sobre ventajas o preferencias. Porque si algo ha aprendido la coalición gobernante durante los últimos años es que las formas también producen conflictos.
Hasta ahora, la ruta proyectada establece que el 17 de junio se emitiría la convocatoria para quienes aspiren a representar a la alianza Morena-PT-PVEM. A partir del 22 de junio y durante los cinco días posteriores se realizarían los registros, que igualmente se realizarán en un terreno neutral. Después vendría la etapa más silenciosa y, por ello mismo, más decisiva: la depuración de perfiles.
Cada partido llegará con sus propias cartas. El Partido Verde ya tiene definida la suya en Zacatecas: el diputado federal Carlos Puente Salas. El Partido del Trabajo tampoco mantiene incertidumbre: su apuesta es Geovanna Bañuelos de la Torre. Morena, en cambio, aparece como el espacio donde todavía se libra la verdadera disputa.
Se anticipa una larga lista de registros. Sin embargo, dentro del propio movimiento existe la percepción de que la competencia real terminará concentrándose en pocos nombres. La senadora Verónica Díaz Robles y el diputado federal Ulises Mejía Haro aparecen como los perfiles con mayores posibilidades de alcanzar la fase definitiva. También podrían incorporarse la diputada federal Julia Olguín Serna y el diputado federal José Narro Céspedes. Más allá de ellos, las probabilidades parecen reducirse drásticamente.
Eso no significa que los demás aspirantes carezcan de valor político. Al contrario. En los procesos internos modernos, quienes no alcanzan la meta suelen convertirse en piezas fundamentales para construir la unidad posterior.
Los respaldos, las estructuras territoriales y los equipos de operación conservan peso específico. Nadie sale completamente derrotado cuando todavía queda una negociación pendiente.
La última semana de agosto estaría reservada para las encuestas. Antes de ellas podría habilitarse un breve periodo para que los finalistas expongan sus perfiles ante la militancia y los simpatizantes.
Esa posibilidad aún no está cerrada. De hecho, una de las definiciones centrales de la reunión de este martes consiste precisamente en determinar cuánto margen tendrán los aspirantes para presentar sus proyectos antes de que los estudios demoscópicos entren en acción.
Los primeros días de septiembre aparecerían los nombres ganadores. O, mejor dicho, los nombres que habrán sobrevivido a una compleja cadena de filtros políticos, territoriales y electorales.
Las reglas generales ya están establecidas. El método de selección seguirá siendo la encuesta. Está prohibido utilizar recursos públicos, contratar espectaculares, realizar actos anticipados de campaña, entregar dádivas o emprender campañas de ataque contra otros participantes. Todos deberán firmar acuerdos de unidad y comprometerse a respetar los resultados. La Comisión Nacional de Elecciones será la encargada de vigilar el cumplimiento de estas disposiciones.
Sobre el papel, el procedimiento parece sencillo. En la práctica, nunca lo es.
Porque las encuestas miden preferencias, pero las coaliciones administran intereses. Y pocas veces ambas cosas coinciden plenamente. Por eso Claudia Sheinbaum ha insistido en que Morena, PT y PVEM deberán llegar juntos a 2027. La instrucción parece simple. Su ejecución no.
En Zacatecas, como en los otros dieciséis estados en disputa, la batalla apenas está entrando en su fase decisiva. Los reflectores suelen apuntar a las encuestas. Sin embargo, la historia reciente demuestra que los acuerdos construidos en las mesas cerradas suelen pesar tanto como los números que aparecen en los sondeos.
Todavía no es tiempo de vencedores. Es tiempo de negociadores.
Y hoy, en política, las pinzas mal cerradas terminan atrapando los dedos de todos.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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