lunes, marzo 2, 2026
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La Casa de los Perros | El PRI ante el espejo

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

El Partido Revolucionario Institucional en Zacatecas celebró su 56 Sesión Extraordinaria del Consejo Político Estatal. No fue una ceremonia menor. Fue el arranque formal de su reestructuración rumbo a 2027.

Lo encabezaron Carlos Peña Badillo, la secretaria general Norma Castorena Berrelleza y el delegado del CEN, José Marco Antonio Olvera Acevedo. Siete nuevos consejeros. Doce integrantes en la Comisión Política Permanente. Y el retorno activo de Arturo Nahle García, quien pidió espacio para “servir al estado”. En política, servir suele significar competir.

El Consejo autorizó a la Comisión de Procesos Internos atraer la renovación de comités municipales y seccionales para el periodo 2026-2029. Se aprobó la consulta directa a las bases en los 58 municipios. Tope de gastos: 25 mil 252.40 pesos. La cifra es exacta, casi quirúrgica. La democracia interna también se mide en centavos.

La dirigencia habla de 150 mil votos obtenidos en la última elección. Los presenta como reserva moral, como capital político listo para reinvertirse. Pero los votos no son lingotes. Son voluntades frágiles. Se ganan. Se pierden. Se traicionan.

En paralelo, la Comisión de Justicia Partidaria abrió expedientes en municipios como Jerez, Pinos y Fresnillo. Se habla de corrupción. De violencia política en razón de género. De deslealtades. Xóchitl Nohemí Sánchez Ruvalcaba, encargada de esa comisión, confirmó sanciones y procesos. El mensaje es claro: orden interno antes de la batalla externa.

Pero la grieta no está en los municipios. Está en la cúpula.

Alejandro Tello Cristerna, exgobernador y último priista en ocupar el Palacio de Gobierno, anunció que abandona su militancia activa, aunque conserva su pertenencia formal. No es una renuncia. Es un alejamiento con ruido.

Acusa falta de ética, exclusión, maltrato político hacia él y hacia su esposa, Cristina Rodríguez. Peña Badillo respondió con advertencias: quien titubee o traicione no tendrá espacio. Habló de una lista de 50 nombres bajo escrutinio. Entre ellos, el del exmandatario.

La escena recuerda a esos viejos retratos familiares donde todos sonríen mientras el resentimiento ya habita la sala.

Tello niega haber pactado el triunfo de Morena en 2021. Afirma que la derrota fue parte de un fenómeno nacional. Sostiene que la dirigencia actual es un grupo cerrado que reparte espacios entre los suyos.

Condiciona su eventual retorno a un relevo en la presidencia estatal y a una candidatura de unidad en torno a Adolfo Bonilla para 2027. No es un simple desacuerdo. Es una disputa por el relato del fracaso.

Mientras tanto, Peña Badillo insiste en que el partido está abierto, pero no a los “busca chambas”. Exige lealtad. Gratitud. Permanencia. La palabra lealtad, en política, suele ser la forma elegante de nombrar la obediencia.

El PRI busca presentarse como la principal fuerza de oposición frente a Morena. Habla de construir un frente amplio. De madurez. De diálogo. Pero primero debe resolver su propia aritmética moral: ¿puede un partido que perdió la gubernatura hace apenas unos años convencer de que ha aprendido algo del tropiezo?

La reaparición de Arturo Nahle como cuadro activo contrasta con el distanciamiento de Tello. Uno regresa. Otro se retira a medias. La dirigencia sanciona a militantes de base mientras discute con su último gobernador. La disciplina se exige hacia abajo; la fractura se negocia hacia arriba.

Zacatecas no es ajeno a estas tensiones. En 2027 se renovará la gubernatura. Morena defenderá el poder. El PRI intentará recuperarlo. Pero ninguna estrategia administrativa sustituye la credibilidad. Ningún tope de gastos garantiza confianza. Ninguna lista de sancionados recompone la memoria colectiva.

El partido habla de estructuras seccionales, de comités territoriales, de reorganización. Todo eso importa. Pero la política también es un asunto de símbolos. Y hoy el símbolo dominante es la división.

En el fondo, la pregunta no es si el PRI puede competir. La pregunta es si puede reconciliarse consigo mismo sin negar lo que fue. Si puede mirar su derrota sin buscar culpables a conveniencia. Si puede ofrecer algo más que la nostalgia del poder perdido.

Los partidos, como las personas, envejecen cuando dejan de escucharse.

El PRI de Zacatecas ha iniciado su reestructuración. Ha afinado reglas. Ha marcado límites. Ha convocado a la unidad. Falta lo más difícil: convertir la disciplina en confianza y la memoria en aprendizaje.

Porque un partido puede sobrevivir a la derrota. Lo que no siempre sobrevive es la verdad que decide ocultar.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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