viernes, agosto 29, 2025
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Protejamos la privacidad de nuestra niñez

JULIETA DEL RÍO VENEGAS

El próximo 1 de septiembre marca el regreso de más de 24 millones de niñas, niños y adolescentes a las aulas de educación básica, para iniciar el ciclo escolar 2025-2026, con ello se respira un ambiente de ilusión y de nuevos retos.

Sin embargo, este momento no debe limitarse a la emoción de las fotografías familiares ni a los mensajes llenos de orgullo que compartimos en redes sociales; también es una oportunidad invaluable para reflexionar sobre la privacidad de nuestras infancias y adolescencias en un mundo cada vez más digitalizado.

Sabemos que como madres, padres, tutores o familiares queremos compartir la alegría de este inicio de clases, y que en ocasiones lo hacemos a través de publicaciones en internet. Pero esa acción, que parece inofensiva y hasta tierna, tiene un nombre, sharenting, el hábito de compartir información personal de menores en redes sociales.

Aunque la intención sea buena, lo cierto es que sin darnos cuenta podemos poner en riesgo a nuestros seres queridos. Al subir fotografías o datos escolares creamos una huella digital que acompañará a esos menores durante toda su vida, sin que ellos hayan dado su consentimiento, y que podría ser usada de manera indebida.

La exposición digital de la niñez puede abrir la puerta a riesgos serios como el robo de identidad, la usurpación de datos, el ciberacoso e incluso delitos más graves como el grooming, donde un adulto se hace pasar por alguien de confianza para acosar sexualmente a un menor a través de internet.

Estos temas no deben subestimarse, la seguridad de nuestras hijas e hijos depende de que tomemos conciencia y actuemos con responsabilidad. No se trata de satanizar la tecnología ni de prohibirla, sino de aprender a usarla con criterio, madurez y un profundo respeto por la privacidad de quienes aún no tienen voz propia para decidir.

Este regreso a clases también puede convertirse en un excelente momento para hablar con nuestras hijas e hijos de otro derecho fundamental: el acceso a la información pública. La transparencia es un derecho de todas y todos, y si lo transmitimos a las nuevas generaciones, estaremos sembrando ciudadanos más críticos, conscientes y participativos.

Cualquier persona puede, por ejemplo, consultar el plantel docente de una escuela pública, conocer la trayectoria de sus maestros, verificar el presupuesto asignado al plantel o revisar los proyectos que se llevarán a cabo en este ciclo escolar. Saber que contamos con este derecho y que podemos ejercerlo de manera libre fortalece la confianza en nuestras instituciones y fomenta la corresponsabilidad ciudadana.

Hacer de la escuela una segunda casa no significa solo que las niñas y los niños se sientan cómodos en sus aulas, sino también que sepan que hay un entorno social dispuesto a cuidarlos y acompañarlos. Escucharlos, apoyarlos y alentar su curiosidad es clave para reducir problemas como el bullying, y al mismo tiempo para enseñarles el valor de proteger sus datos personales y ejercer sus derechos.

La formación de nuevas generaciones no pasa únicamente por los libros de texto ni por los programas académicos: también se construye con ejemplos de respeto, responsabilidad digital y participación ciudadana.

Que este regreso a clases no sea solo una fotografía compartida en Facebook o Instagram, sino la oportunidad de sembrar en nuestras infancias y adolescencias la semilla de la privacidad, el respeto a los datos personales y el ejercicio pleno del derecho a saber. Porque estudiar, estar bien informados y vivir en un entorno digital más seguro siempre nos hará mejores mexicanas y mexicanos.

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Crítico tenaz, maestro por convicción.
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