martes, septiembre 1, 2026
HomeLa Casa de los PerrosClaudia G. Valdés DíazLa Casa de los Perros | La ruptura que acecha

La Casa de los Perros | La ruptura que acecha

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

Hay momentos en que una coalición no se rompe con una renuncia, una conferencia de prensa o una puerta que se cierra de golpe. Se rompe antes. En una conversación privada. En un equipo que deja de contestar el teléfono. En un dirigente que decide que perder acompañado no es mejor que competir por su cuenta. Carlos Puente Salas acaba de ponerle nombre a ese riesgo: si los grupos que hoy disputan la candidatura de Morena, PT y Verde no encuentran un acuerdo, la alianza puede fracturarse.

No es una advertencia menor.

Puente conoce el terreno. Y sabe que una elección no se gana con la suma de siglas, sino con la capacidad de mantener juntas las voluntades cuando llega la hora de escoger a una sola persona. Por eso su llamado a la unidad tiene una frase que debería ser leída con cuidado: nadie sobra. Ni siquiera quienes pierdan.

El problema es que decirlo es más sencillo que hacerlo.

La encuesta de Massive Caller, con corte al 30 de agosto, ofrece una fotografía que explica la preocupación. Morena-PT-PVEM conserva el primer lugar con 31.5 por ciento de intención de voto. El PRI tiene 23.2; el PAN, 17.8; Movimiento Ciudadano, 10.2, y los indecisos alcanzan 17.3 por ciento. La ventaja oficialista es todavía de 8.3 puntos.

Pero la fotografía importa menos que la película.

La serie de seguimiento muestra a la coalición cayendo desde niveles cercanos a 45 o 46 por ciento a comienzos de 2025, mientras el PRI avanza en dirección contraria. El cruce de ambas líneas es quizá el dato político más incómodo de toda la medición: una fuerza pierde terreno mientras otra lo gana.

Y entonces aparece la pregunta que Puente parece estar haciendo sin formularla completamente: ¿qué ocurriría si, además de perder puntos, la coalición pierde pedazos?

Dentro de Morena-PT-PVEM, Ulises Mejía Haro encabeza la preferencia con 35.3 por ciento. Verónica Díaz Robles tiene 18.8; José Narro Céspedes, 17.1, y Geovanna Bañuelos, 14.7. Es decir, hay un líder claro y un segundo grupo todavía demasiado apretado para declarar vencedor a nadie. Carlos Puente registra 8.2 por ciento.

Ahí está el verdadero problema.

No basta con que alguien gane la encuesta interna. Tendrá que conseguir que los demás acepten perder. Parece una diferencia semántica. No lo es. En una elección, el ganador de una candidatura necesita votos; el candidato de una coalición necesita también a los que ayer querían ocupar su lugar.

Puente lo sabe. Por eso insiste en que hace falta incluir a todos, tolerar las diferencias y, sobre todo, ser recíprocos cuando llegue el momento de repartir. Recuerda, de paso, el acuerdo que mantiene con Verónica Díaz en torno al criterio de género. Y sostiene, al mismo tiempo, que el Verde podría competir solo en algunos municipios, dejando abierta la puerta a alianzas parciales.

No es ruptura. Todavía no. Pero tampoco es tranquilidad.

Mientras el oficialismo discute cómo repartir el futuro, afuera hay quienes esperan. Adolfo Bonilla sigue siendo un nombre que el PRI no puede ignorar. En una medición de GobernArte de agosto encabezó las preferencias internas priistas con 30.9 por ciento, 15 puntos arriba de Carlos Peña Badillo. Miguel Varela, por su parte, encabeza el PAN en esa misma medición con 29.1 por ciento.

Ninguno tiene hoy el tamaño de la coalición oficialista. Pero eso importa poco: las elecciones no se ganan comparando tamaños del pasado, sino evitando los errores que todavía no se cometen.

Hay, además, una cautela que no conviene saltarse: Massive Caller reporta una muestra de mil casos, margen de error de más o menos 3.4 por ciento y llamadas automatizadas, pero también una tasa de rechazo de 95 por ciento. El propio documento no reporta métodos de estimación. Con esos huecos, la encuesta se lee mejor como una señal que como una sentencia.

La señal, sin embargo, es suficientemente clara.

Morena-PT-PVEM todavía tiene la ventaja. Ulises tiene la delantera interna. La oposición todavía necesita convertir sus números dispersos en una alternativa. Pero la coalición tiene un problema que ninguna encuesta puede resolver por ella: después de elegir candidato, tendrá que conseguir que todos permanezcan en la fotografía.

Porque una coalición no se cae por perder una encuesta. Se cae cuando a los que pierden ya no les alcanza para sentirse parte de lo que se ganó.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
BIO completa

Últimas Noticias