martes, septiembre 1, 2026
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El proceso electoral y los retos de la sociedad

ANGÉLICA COLIN MERCADO

El próximo proceso electoral representa mucho más que la oportunidad de acudir a las urnas para elegir representantes. Constituye, ante todo, una prueba para nuestra madurez democrática y para la capacidad que tenemos como sociedad de dialogar, analizar y tomar decisiones pensando en el bien común. En un contexto marcado por la polarización, la desinformación y la confrontación permanente, uno de los principales desafíos será recuperar el valor de la política como un espacio para construir acuerdos.

Vivimos tiempos en los que las redes sociales han transformado la manera en que nos informamos y participamos en los asuntos públicos. Sin embargo, también han propiciado la circulación acelerada de noticias falsas, discursos de odio y mensajes diseñados para dividir a la sociedad. Por ello, uno de los grandes retos ciudadanos será aprender a distinguir entre información y propaganda, entre una propuesta seria y una promesa imposible, entre la crítica responsable y la descalificación sistemática.

El proceso electoral también nos obliga a reflexionar sobre nuestra responsabilidad como ciudadanos. La democracia no puede reducirse a emitir un voto cada determinado número de años. Implica participar, informarse, cuestionar y exigir resultados a quienes ocupan cargos públicos. Pero también demanda reconocer que ninguna persona, partido o gobierno tiene por sí solo todas las respuestas a los problemas que enfrentamos.

Como sociedad, tenemos desafíos profundos: disminuir las desigualdades, combatir la violencia, fortalecer la educación, generar oportunidades para las nuevas generaciones y construir instituciones capaces de responder a las necesidades reales de la población. Frente a estos retos, las campañas electorales deberían convertirse en espacios de debate sobre ideas y soluciones, y no únicamente en competencias de popularidad o confrontaciones personales.

El verdadero desafío del próximo proceso electoral será evitar que nuestras diferencias políticas nos conviertan en adversarios irreconciliables. Pensar distinto es parte esencial de una sociedad democrática; lo preocupante es cuando dejamos de escuchar y creemos que quien tiene una opinión diferente debe ser eliminado del debate.

México necesita una ciudadanía crítica, participativa y responsable. El futuro democrático no depende exclusivamente de quienes buscan un cargo de elección popular, sino también de la calidad de las decisiones que tomemos como sociedad. Las elecciones pasarán, los gobiernos cambiarán, pero los grandes problemas permanecerán si no aprendemos a construir una cultura política basada en el respeto, el diálogo y la corresponsabilidad.

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Educadora crítica, madre, directiva universitaria comprometida.
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