RAYMUNDO MORENO ROMERO
Este fin de semana Zacatecas volvió a ser noticia nacional por las razones equivocadas: la maldita violencia y el terror que viven cotidianamente nuestras familias.
No se trató de un incidente que deba minimizarse ni tratarse como un hecho aislado. La tremenda explosión frente a la comandancia de la Policía Municipal de Ojocaliente, municipio sureño de Zacatecas, que dejó personas lesionadas y provocó daños en vehículos, viviendas e instalaciones, fue un acto que buscaba algo muy concreto: sembrar miedo entre la población. Lo consiguió. Eso se llama terrorismo.
Y debemos decirlo con toda claridad: cuando un grupo criminal se atreve a colocar y detonar un artefacto explosivo frente a una comandancia policial, no solamente está atacando un inmueble. Está desafiando a las autoridades de los tres niveles, está poniendo en riesgo a la ciudadanía y está demostrando que persiste una terrible vulnerabilidad en materia de seguridad.
El Gobierno del Estado se ha cansado de decir que la pacificación llegó a Zacatecas. Que la estrategia de seguridad está dando resultados. Se han atrevido incluso a querer vender la idea de que somos la entidad más segura del país. Un insulto a la inteligencia. Los hechos, lo mismo en Jerez, que en Tabasco, Pánuco, Fresnillo y ahora Ojocaliente, hablan por sí mismos. Más de un mes en el que crimen ha sido enfático con la “autoridad”: El estado está en llamas.
Hoy, quienes gobiernan, es decir morena y el Monrealato, tienen frente a ellos una realidad que no pueden maquillar con discursos ni boletines: la delincuencia organizada está retando al Estado y lo está haciendo en espacios públicos, a plena luz del día en muchas ocasiones, con cuerpos colgados, con estallidos, forzando al cierre de escuelas y la cancelación de ferias, cerca de las familias y en plenas celebraciones.
¿Dónde está esa paz de la que tanto presumen?
¿Dónde está el control territorial?
¿Dónde está la capacidad de investigación e inteligencia para prevenir un ataque de esta naturaleza?
No podemos aceptar que la respuesta sea simplemente decir que “la situación está bajo control” después de que el ataque ya ocurrió. La seguridad no consiste únicamente en reaccionar después de una tragedia; consiste en prevenir, indagar, detener a los responsables y garantizar que las familias puedan salir a la calle sin miedo.
Las y los zacatecanos exigimos una investigación seria, transparente y hasta sus últimas consecuencias. Exigimos que se informe con puntualidad sobre las personas responsables y que se refuercen las estrategias de inteligencia y prevención.
Pero, sobre todo, exigimos que el Gobierno del Estado deje de vivir de los discursos y comience a responder con resultados. Resultados que no podremos ver en tanto sigan encubriendo a los cómplices de la delincuencia que despachan en oficinas públicas.
Porque mientras el gobierno presume una pacificación que no se siente en las calles, los grupos criminales están demostrando que pueden desafiar al Estado cuando y donde se les pegue la gana.
Zacatecas no merece vivir con miedo. Las y los zacatecanos merecen un gobierno que tenga el control de la seguridad, que cumpla con su responsabilidad constitucional de garantizar la integridad física y patrimonial de la gente, que proteja a sus policías y que, sobre todo, proteja a las familias. Hoy Ojocaliente nos recuerda que todavía hay mucho, muchísimo por hacer. Y que quienes nos gobiernan nos siguen quedando a deber.
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Funcionario público con responsabilidad social y cultural
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