RAYMUNDO MORENO ROMERO
Hoy no estamos para medias tintas. México está harto de la complicidad, del silencio “conveniente” y de la política que evade responder; de las mentiras y de la impunidad. Las acusaciones que han surgido en torno a Rubén Rocha Moya y diversos actores de Morena no pueden despacharse con evasivas ni con ataques a quienes cuestionan, mucho menos con patrioterismos que se indignan ante la paja en el ojo ajeno, pero ignoran la viga en el propio. Basta de tanto cinismo.
Hoy, a muchos mexicanos nos preocupa la aparente falta de prioridad que este tema ha tenido en la agenda pública de la presidenta Claudia Sheinbaum. Porque cuando hay señalamientos graves, el silencio o los intentos por minimizar no ayudan, por el contrario, debilitan la confianza y alimentan la sospecha.
Para el México de hoy solo hay dos caminos: o se aclara todo con absoluta transparencia, con seriedad, o la desconfianza aplastante seguirá creciendo. No basta con decir “no hay pruebas” la gente exige la verdad, es decir, una investigación rigurosa e independiente, y que el Estado mexicano actúe por oficio y brinde resultados verificables no al gobierno de EEUU, sino al pueblo de México.
Seamos claros: el poder no debe ser un escudo para la impunidad. Gobernar implica responder, incluso y especialmente ante los señalamientos incómodos. Si hay acusaciones de vínculos indebidos, deben investigarse a fondo.
Este no es un tema de colores ni de ideologías. Es un asunto de legalidad, de ética pública, de respeto a la gente y si, también de seguridad nacional.
Si la presidenta insiste en no actuar ante las solicitudes de los tribunales estadounidenses, que no de una oficinita perdida en Nueva York como pretenden hacernos creer, sino de la Fiscalía General de los Estados Unidos, entonces abre la puerta a otra clase de intervenciones, incluso de carácter militar, que ningún mexicano de bien queremos en este país. Porque debo ser claro en ello, yo no confío en la buena fe de los gringos, pero tampoco en la defensa a ultranza, chovinista y patriotera, de probables criminales.
México no puede avanzar si la duda se normaliza, si la protección a los socios políticos se prioriza y la verdad se posterga.
El mensaje es directo: menos evasivas, más claridad; menos cálculo político, más responsabilidad pública. Porque quien gobierna no solo debe decir que no hay nada que ocultar: debe demostrarlo con hechos.
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Funcionario público con responsabilidad social y cultural
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