viernes, mayo 8, 2026
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El Mundial une al mundo, pero la educación no se puede sacrificar

JULIETA DEL RÍO VENEGAS

La decisión de reducir el calendario escolar en México en el ciclo 2025–2026 ha generado un debate que va más allá de lo administrativo o lo deportivo: pone en discusión el rumbo de la educación en un país que ya enfrenta rezagos importantes en aprendizaje, permanencia escolar y calidad educativa.

Para este año, el presupuesto aprobado para la Secretaría de Educación Pública y el sector educativo supera los 1.1 billones de pesos, lo que representa un aumento real de 4.6% respecto a 2025. Se destinaron 185 mil mdp para Becas; mil millones de pesos para La Escuela es Nuestra; cinco mil mdp para la creación de 50 mil nuevos lugares en Educación Media Superior; 167 mil mdp a Educación Superior.

Pero, de acuerdo con evaluaciones internacionales como la prueba PISA de la OCDE, México se mantiene por debajo del promedio en áreas fundamentales como matemáticas, lectura y ciencias. A ello súmele datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que muestran abandono escolar en niveles medios superiores superior al 11% y persistentes brechas de aprendizaje.

En este contexto, reducir días efectivos de clases es alarmante. Significa menos tiempo para consolidar conocimientos, menos oportunidades de reforzar aprendizajes y mayor presión sobre un sistema que ya opera con dificultades.

Ayer el secretario de educación pública, Mario Delgado, hizo un anuncio que ha generado un gran debate sobre la reducción del calendario escolar. Esto ha girado en torno al Mundial, un evento que trasciende lo deportivo.

El fútbol es una comunión social, un espacio de convivencia donde se expresa la pasión tanto de quienes viven intensamente este deporte como de quienes simplemente se suman a la celebración colectiva. En ese sentido, el Mundial tiene un valor simbólico importante: logra unir, emocionar y generar identidad compartida.

Hay ejemplos históricos que refuerzan esta idea. En Sudáfrica, durante la etapa posterior al apartheid, el deporte (particularmente el fútbol y el rugby) se utilizó como herramienta de reconciliación social. Nelson Mandela entendió el poder del deporte como un factor de unidad nacional, no de división.

Pero hay una diferencia fundamental: en esos procesos, la integración social no se logró sacrificando la educación. No, claro que no. La escuela no se detuvo, ni se redujo el tiempo de formación académica, ni se interrumpieron las labores productivas, no. Se entendió que la cohesión social y la formación educativa pueden coexistir sin que una sustituya o debilite a la otra.

Por eso preocupa cuando decisiones como la reducción del calendario escolar parecen confundir el valor del Mundial como fenómeno cultural con una justificación para alterar el sistema educativo. El riesgo está en politizar o partidizar algo que, pertenece a todos: el fútbol como expresión social, cultural y emocional.

El Mundial no debería ser un distractor de la educación, sino una oportunidad de convivencia sin afectar derechos fundamentales como el acceso pleno a la formación académica. Convertirlo en argumento para recortar clases abre la puerta a decisiones que priorizan la coyuntura sobre la estructura.

Las becas y programas sociales han sido importantes para apoyar a los estudiantes, pero no sustituyen el tiempo en el aula ni la calidad del aprendizaje. Pero también no se ha cumplido en todo con el objetivo de estas becas de acuerdo con los indicadores porque deberían de estar altos en lugar de estar por debajo de la media. La educación requiere constancia, no interrupciones.

El reto no es elegir entre el fútbol y la educación. Creo que no se entiende que una sociedad puede celebrar un evento global sin debilitar su futuro educativo. Porque si algo define el progreso de un país no es sólo su capacidad de organizar grandes eventos, sino su capacidad de formar a las nuevas generaciones.

Y ahí es en donde la educación no puede, ni debe, ponerse en pausa.

Pero hay varias preguntas: ¿y el presupuesto de un mes con 10 días? ¿A qué bolsa se irá ese ahorro millonario al cerrar las aulas un mes antes? ¿Cómo harán para cumplir los programas educativos y de trabajo que se planearon? Los padres de familia que trabajan, ¿en dónde dejarán a sus hijos? ¿Costo de guarderías? Y, en su caso, ¿habrá concesiones también para los trabajadores? Todo un caos. Ojalá no se manche la gran pasión del fútbol con medidas populistas.

Sobre la Firma

Escritora y defensora institucional de la transparencia y los datos
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