martes, abril 14, 2026
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La Casa de los Perros | Renunciar para competir

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

El poder, cuando se acerca la elección, empieza a oler distinto. No es el aroma del despacho ni del protocolo: es el sudor del territorio. La oficina se vuelve estrecha; la calle, inevitable. En Zacatecas, esa transición ya comenzó, aunque todavía muchos finjan que no.

La instrucción llegó desde arriba, sin rodeos. Claudia Sheinbaum puso una línea clara: quien aspire, que deje el cargo. No es un gesto simbólico. Es una frontera. De un lado, el servicio público; del otro, la ambición legítima de gobernar. Mezclarlos —advierte— contamina la contienda, deforma la competencia, vuelve sospechosa cualquier ventaja.

El mensaje no es nuevo en la historia política mexicana, pero pocas veces se ha dicho con esta nitidez. La razón es simple: el aparato pesa. Un funcionario en funciones no camina igual que un aspirante a ras de tierra. Lleva detrás presupuesto, estructura, inercias. Y eso, en un proceso interno que se presume democrático, es una grieta que termina por romperlo todo.

En Zacatecas, los nombres ya están sobre la mesa. Verónica Díaz Robles. Saúl Monreal Ávila. Ulises Mejía Haro. Alfonso Ramírez Cuéllar. Julia Olguín Serna. José Narro Céspedes. Todos orbitan el mismo centro: la candidatura de Morena a la gubernatura.

Pero no todos están en la misma condición. Para algunos, la renuncia será obligatoria. Para otros, apenas una sugerencia envuelta en palabras como “ética” y “congruencia”. Ahí se abre la primera fisura: la ley permite; el discurso exige. Y entre ambos, cada aspirante tendrá que decidir qué pesa más: la comodidad del cargo o la credibilidad de su palabra.

Ignacio Mier Velazco, coordinador de los diputados federales, ha sido claro en ese matiz. Los legisladores —dice— no administran recursos como el Ejecutivo. Su permanencia no rompe, en estricto sentido, la equidad. Pero añade algo más importante: quedarse puede no ser ilegal, pero sí inconveniente. La política, cuando quiere sobrevivir, necesita algo más que legalidad: necesita confianza.

Y la confianza no se decreta.

En este tablero, hay silencios que también pesan. Geovanna Bañuelos de la Torre y Carlos Puente Salas quedan en una zona gris. Son parte de la alianza, pero no del mandato directo. No están obligados, pero tampoco ajenos. Su decisión será leída como un mensaje: alineación o distancia, disciplina o cálculo.

La política es, al final, un lenguaje de gestos.

Y hay otro elemento que no se dice en los comunicados: el territorio. Zacatecas no es un escritorio. Son municipios dispersos, caminos largos, comunidades que no responden a la lógica del discurso central. Quien aspire tendrá que recorrer, escuchar, negociar. No hay forma de hacerlo a medias. El cargo estorba cuando el tiempo no alcanza.

Por eso la renuncia no es sólo un requisito moral: es una condición operativa. Sin ella, la campaña es simulación. Con ella, al menos, se vuelve apuesta.

Pero hay algo más profundo en juego.

Morena ha construido su identidad sobre una promesa: ser distinto. No sólo ganar, sino hacerlo de otra manera. La exigencia de separarse del cargo es, en ese sentido, una prueba interna. No para los adversarios, sino para sí mismo. ¿Puede el movimiento sostener sus principios cuando estos incomodan a sus propios aspirantes?

La historia política del país está llena de respuestas incómodas.

En Zacatecas, el reloj avanza hacia junio. Las encuestas definirán al “coordinador”, ese eufemismo que antecede a la candidatura. Para entonces, cada aspirante habrá tomado una decisión que dirá más que cualquier discurso: quedarse o irse.

Quedarse es resistir desde la estructura. Irse es arriesgar desde la intemperie.

No es una elección menor.

Porque al final, más allá de nombres y siglas, lo que está en disputa no es sólo una gubernatura. Es la credibilidad de una regla. Y en política, cuando las reglas pierden credibilidad, el poder deja de ser mandato y se convierte en sospecha.

Renunciar no garantiza la victoria. Pero no hacerlo la vuelve dudosa.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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