viernes, junio 26, 2026
HomeLa Casa de los PerrosClaudia G. Valdés DíazLa Casa de los Perros | El puñetazo del poder

La Casa de los Perros | El puñetazo del poder

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

Hay noches que empiezan con un gol y terminan como un espejo roto. La multitud celebra, canta el himno, ondea banderas. Entonces alguien levanta el puño. Ya no contra un rival deportivo, sino contra una mujer. En apenas unos segundos, la euforia deja de ser fiesta y se convierte en evidencia. La violencia siempre encuentra la forma de colarse en las fotografías de la alegría.

La escena ocurrió en el Centro Histórico de Zacatecas durante los festejos por el triunfo de la Selección Mexicana frente a República Checa en el Mundial de 2026. Una conductora intentaba salir del cerco que una multitud había formado alrededor de su vehículo. Entre gritos y empujones apareció un hombre. Se acercó a la ventanilla y lanzó un golpe directo al rostro de la mujer.

Las redes sociales hicieron lo que antes tardaba días. El video comenzó a recorrer teléfonos, pantallas y conversaciones. El agresor fue identificado como Jaime Castillo Castillo, entonces secretario de Jóvenes de Morena en Zacatecas. Minutos después desaparecieron sus perfiles digitales. Pero internet tiene una memoria más obstinada que cualquier disculpa.

Lo verdaderamente importante vino después.

Morena reaccionó con una velocidad poco habitual en la política mexicana. Emitió un deslinde público, anunció procedimientos internos y dejó claro que aquella conducta no representaba los principios del movimiento. La Fiscalía abrió una carpeta de investigación tras la denuncia de la víctima. La justicia partidista podrá resolver una militancia. La justicia penal deberá resolver un delito. Son caminos distintos. Conviene no confundirlos.

Porque la violencia contra las mujeres no admite zonas grises. No existe cargo, camiseta o ideología que amortigüe un golpe.

Pero la política mexicana tiene otra enfermedad. Confunde responsabilidades individuales con culpas hereditarias.

Mientras el caso seguía ocupando titulares, comenzó a circular en redes sociales una fotografía de la senadora con licencia Verónica Díaz junto a Jaime Castillo. La imagen fue utilizada para insinuar cercanías políticas y responsabilidades compartidas. Ella respondió mediante una carta dirigida a la opinión pública, fijó su postura y tomó distancia del comportamiento del exdirigente juvenil antes de que el silencio terminara convirtiéndose en sospecha.

Eso era lo que correspondía hacer.

Porque una fotografía prueba que dos personas coincidieron en un lugar. No demuestra que una responda por las decisiones morales de la otra. Si así fuera, medio país estaría obligado a explicar imágenes tomadas en campañas, giras o actos públicos donde abundan los saludos, los abrazos y las sonrisas que el tiempo termina desmintiendo.

La responsabilidad política tiene un límite claro: nadie puede convertirse en garante permanente de la conducta privada de cada dirigente de su partido. Lo contrario significaría convertir la culpa en una epidemia que se contagia por proximidad.

Eso no exonera a los partidos.

Los partidos sí son responsables de seleccionar cuadros, formar liderazgos y actuar cuando alguno de los suyos rompe los principios que dice representar. Ahí comienza la verdadera prueba de congruencia. No basta con escribir comunicados impecables. Hace falta demostrar que la ética pesa más que la conveniencia electoral.

Las organizaciones feministas han exigido que el caso no termine archivado entre boletines y declaraciones. Tienen razón. La destitución administrativa nunca debe sustituir la responsabilidad penal. Un cargo se pierde en una sesión. La confianza pública tarda años en recuperarse.

Las redes sociales seguirán haciendo lo suyo. Amplificarán videos, rescatarán fotografías antiguas y construirán juicios instantáneos. Algunas veces acertarán. Otras fabricarán culpables por asociación. Esa es la velocidad de nuestro tiempo.

La democracia, en cambio, exige otra cosa: distinguir entre quien golpea, quien encubre y quien responde. Mezclar esas categorías sólo produce más ruido y menos justicia.

Aquella noche no fue el Mundial el que quedó retratado en Zacatecas. Fue la política.

Y las fotografías, como los puños, también dejan marcas. La diferencia es que unas se explican. Las otras se castigan.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
BIO completa

Últimas Noticias