miércoles, mayo 20, 2026
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El Dedo en la Llaga | La Transformación con Brocha

RAFAEL CANDELAS SALINAS

La infraestructura deportiva en México ha sido, durante décadas, una de las grandes asignaturas pendientes de los distintos gobiernos. Basta recorrer colonias populares, comunidades rurales o incluso muchas cabeceras municipales para encontrar canchas abandonadas, unidades deportivas deterioradas, espacios sin iluminación, porterías oxidadas, gradas destruidas y lugares que, lejos de fomentar la convivencia, terminan convertidos en puntos de inseguridad o abandono.

Por eso, cuando el gobierno federal anunció, rumbo al Mundial de Futbol 2026, un programa para rehabilitar cuatro mil 208 canchas en todo el país, la noticia fue bien recibida por amplios sectores. Más allá del evento deportivo, parecía una oportunidad importante para impulsar espacios públicos dignos, fomentar la activación física y fortalecer una política de prevención social que en México sigue siendo insuficiente.

Porque el deporte puede convertirse en una herramienta poderosa para reconstruir el tejido social, y si bien es cierto que no resuelve por sí solo los problemas de inseguridad, violencia o adicciones, sí ayuda a generar comunidad, disciplina, convivencia y oportunidades para miles de jóvenes que muchas veces crecen en entornos donde las alternativas son limitadas.

Por eso muchos aplaudimos la idea, pero con el paso de los meses comenzaron a surgir inconsistencias entre los anuncios oficiales y la realidad documentada por medios de comunicación, periodistas y recorridos realizados en distintos estados del país. Aunque nunca se tuvo o por lo menos, nunca se mostró un listado oficial de esas 4,208 canchas que se iban a rehabilitar, el anuncio generó entusiasmo en amplios sectores sociales, con la esperanza de que tuviéramos la suerte de que nuestra cancha preferida saliera beneficiada en esa especie de lotería o de tómbola a las que ya nos tiene acostumbrados esta cuarta transformación; sin embargo, después de hablar de esas 4,208 canchas, las propias autoridades ajustaron cifras y comenzaron a diferenciar entre obras federales, estatales, municipales, canchas nuevas y espacios únicamente rehabilitados.

Más recientemente, diversos medios señalaron que el avance real estaría muy lejos de las metas originalmente planteadas. En espacios informativos nacionales se habló de aproximadamente 900 canchas intervenidas, cifra que ni siquiera representa una cuarta parte de las cuatro mil 208 anunciadas inicialmente.

A ello se sumó otro elemento preocupante: la falta de claridad sobre qué significa exactamente “rehabilitar” una cancha.

En varios casos documentados públicamente, las intervenciones consistieron en trabajos mínimos como pintura, colocación de malla ciclónica, reparación parcial de porterías o instalación de pasto sintético en ciertas áreas, mientras el resto de la infraestructura seguía presentando graves deficiencias.

Fotografías difundidas desde distintos estados muestran espacios con problemas estructurales evidentes, falta de servicios básicos, alumbrado insuficiente o instalaciones deterioradas que, aun así, aparecen oficialmente dentro del programa de canchas rehabilitadas.

Y es precisamente ahí donde el debate deja de ser deportivo para convertirse en un tema de política pública y rendición de cuentas. Porque México efectivamente necesita infraestructura deportiva en general, mucha más de la que existe actualmente y no sólo canchas de futbol. necesita unidades deportivas funcionales, espacios públicos seguros, programas permanentes de mantenimiento, entrenadores, torneos, actividades comunitarias y políticas serias de promoción y masificación del deporte, pero también necesita transparencia.

Porque rehabilitar un espacio deportivo no debería limitarse a mejorar su apariencia para una fotografía oficial o para cumplir una meta administrativa, la recuperación de espacios públicos requiere planeación, inversión suficiente, seguimiento y mantenimiento constante, de lo contrario, muchas de estas obras terminan deteriorándose nuevamente en muy poco tiempo.

El Mundial de 2026 representa una oportunidad importante para México, no solo en términos turísticos o económicos, sino también como posibilidad de dejar infraestructura útil para las comunidades, sin embargo, para que eso ocurra, los proyectos deben construirse con seriedad y no únicamente desde la lógica de la propaganda.

El riesgo es que, una vez más, terminemos confundiendo transformación con maquillaje, porque una brocha puede cambiar el color de una pared, pero difícilmente cambia por sí sola la realidad de un país que sigue teniendo enormes carencias en materia deportiva, social y comunitaria.

Sobre la Firma

Jurista, exlegislador y columnista sin concesiones.
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