RAFAEL CANDELAS SALINAS
No está en juego solamente el nombramiento de quien habrá de presidir el Instituto Nacional Electoral. Está de por medio algo mucho más importante: la confianza de millones de mexicanos en nuestra democracia y la credibilidad del proceso electoral más grande y complejo de nuestra historia.
La obligada renuncia de Guadalupe Taddei, en medio de un escándalo por presuntos actos de corrupción, conflictos de interés e irregularidades en contratos millonarios, representa un golpe severo para una institución que durante décadas fue construida para garantizar elecciones libres, confiables y transparentes.
Resulta particularmente lamentable que hayan sido las investigaciones periodísticas las que colocaran estos hechos ante la opinión pública y precipitaran la crisis, mientras el Órgano Interno de Control, que -se supone- ya investigaba posibles irregularidades, no había ofrecido respuestas suficientes. Una vez más, el periodismo libre e incómodo hizo visible aquello que los mecanismos institucionales de vigilancia no lograron esclarecer oportunamente.
Esperamos que en este caso sí, las acusaciones sean investigadas hasta sus últimas consecuencias. Si bien es cierto que la renuncia era necesaria, esta no puede convertirse en una puerta de salida para evadir responsabilidades.
Pero el problema de fondo va mucho más allá de Guadalupe Taddei.
A México le costó décadas de luchas ciudadanas, reformas, debates y acuerdos políticos construir una autoridad electoral autónoma e independiente del gobierno. El INE no fue una concesión graciosa del poder, fue una conquista de los ciudadanos frente al poder.
Por eso resulta tan preocupante que una institución que llegó a gozar de reconocimiento y prestigio internacional haya terminado envuelta en una crisis de esta magnitud.
Ahora corresponde a la Cámara de Diputados designar a quien habrá de sustituir a Taddei. Y es precisamente ahí donde surge una oportunidad que no deberíamos desperdiciar.
Quisiéramos pensar que quienes tienen esa responsabilidad actuarán con altura de miras, privilegiando la capacidad, la honestidad, la independencia y el compromiso democrático por encima de los intereses partidistas.
¿Será mucho pedir?
La experiencia obliga a mantener nuestras reservas. Recordemos que la propia Guadalupe Taddei llegó a la presidencia del INE mediante un procedimiento que terminó resolviéndose por insaculación, entre cuestionamientos sobre su cercanía con el oficialismo. La designación de Taddei mediante una tómbola, ciertamente estuvo apegada a derecho conforme a esta nueva regla con la que Morena y los gobiernos Morenistas deciden algo cuando no hay consenso o cuando escasea la legitimidad, porque para nadie es extraño señalar que su nombramiento, aunque legal, no disipó las dudas sobre la independencia de la designación.
Hoy, los representantes populares se encuentran ante la oportunidad de hacer las cosas de manera distinta.
México necesita una autoridad electoral que no le deba el cargo al gobierno, que no obedezca consignas partidistas, que no tenga compromisos con quienes ejercen el poder y que sea capaz de garantizar condiciones de equidad para todos los participantes.
Una institución que vuelva a ser verdaderamente ciudadana, autónoma, independiente y respetada.
No se trata de que el INE favorezca a la oposición ni al gobierno. Se trata, precisamente, de que no favorezca a nadie.
Que los votos los cuenten los ciudadanos y que las elecciones las ganen quienes obtengan el respaldo de los electores, no quienes tengan el respaldo del poder.
La renuncia de Guadalupe Taddei abre una oportunidad para recuperar la confianza en una de las instituciones más importantes de nuestra democracia.
Ojalá que los diputados comprendan la dimensión histórica de su responsabilidad. Porque después de tantos años de lucha para quitarle al gobierno el control de las elecciones, sería imperdonable que termináramos aceptando que el gobierno vuelva a decidir quién debe vigilarlas.
El INE necesita recuperar su independencia, y México necesita recuperar la confianza en su democracia.
Nos leemos el próximo miércoles con más del Dedo en la Llaga.
Sobre la Firma
Jurista, exlegislador y columnista sin concesiones.
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