miércoles, mayo 6, 2026
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El Dedo en la Llaga | Bienvenidos… al pasado

RAFAEL CANDELAS SALINAS

Dicen que los aeropuertos son la puerta de entrada a un país.

Si eso es cierto, el de la Ciudad de México es hoy una puerta vieja, estrecha y cada vez más incómoda de cruzar.

No es un problema nuevo, lleva años operando por encima de su capacidad, pues fue diseñado para un volumen que hace tiempo quedó rebasado. Hoy, cada vuelo, cada sala llena, cada retraso y hasta la falta de aire acondicionado y el desagradable olor que se respira en el ambiente, es un recordatorio de que estamos estirando una infraestructura que simplemente ya no da más.

Y cuando un aeropuerto rebasa su capacidad, no solo se vuelve incómodo, se vuelve ineficiente, caro y riesgoso.

El tema es que México tenía una solución que fue tirada por la borda, el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, un proyecto de talla mundial, planeado para resolver de fondo el problema de saturación y convertir al país en un hub aéreo competitivo.

Pero también hay que decirlo con claridad, Enrique Peña Nieto cometió un error grave al no concluirlo y dejar una obra de esa magnitud a medias no solo debilitó el proyecto, sino que abrió la puerta —literal y políticamente— para que Andrés Manuel López Obrador tomara la decisión de cancelarlo.

Y lo canceló por capricho, no por inviabilidad técnica, ni por falta de demanda o falta de inversión.

Fue una decisión política que tuvo un costo económico brutal, decenas de miles de millones de pesos perdidos en obra, contratos, indemnizaciones y deuda, pero más grave aún fue el costo invisible, el tiempo perdido, la oportunidad desperdiciada y el rezago que hoy padecemos.

En lugar del NAICM,  Andrés Manuel encargó a los militares adecuar y renovar el Aeropuerto Felipe Ángeles.

La promesa era aliviar la saturación del aeropuerto capitalino, pero la realidad es que el problema no se resolvió, solo se repartió… y mal.

El AICM sigue saturado, el AIFA sigue subutilizado y el sistema aeroportuario, lejos de mejorar, se volvió más complejo e ineficiente.

No hay conectividad suficiente, no hay integración operativa real, no hay condiciones para que funcione como un verdadero aeropuerto de clase mundial.

El resultado es evidente, seguimos teniendo un aeropuerto colapsado, acompañado de otro que no logra despegar en términos de demanda.

Mientras tanto, el AICM envejece, se inunda, se satura, se vuelve incómodo, las escenas son cada vez más frecuentes, los retrasos, cancelaciones, salas abarrotadas, infraestructura deteriorada y, frente a eso, la respuesta ha sido la de siempre: puros parches, como invertir en remodelaciones costosas y hacer ajustes operativos que apenas contienen el problema.

Pero un aeropuerto no se moderniza con maquillaje, se moderniza con visión y eso, es justamente lo que ha faltado, una imagen de lo que es nuestro país en estos tiempos.

No tenemos la infraestructura básica para ser competitivos, pues  ya no es solo un problema de comodidad para los pasajeros, es un problema de país.

Mientras otras ciudades del mundo construyen aeropuertos modernos, eficientes y conectados, México administra la saturación. Mientras otros planean a largo plazo, nosotros seguimos corrigiendo decisiones del pasado.

La cancelación del NAICM no solo frenó un proyecto, frenó la posibilidad de competir en igualdad de condiciones.

Hoy somos menos atractivos para el turismo, para los negocios y para la inversión, y eso, tarde o temprano, se paga.

Lo más preocupante es el momento en el que estamos, faltan días para que inicie el Mundial, uno de los eventos más importantes del planeta, y la puerta de entrada principal del país sigue siendo un aeropuerto rebasado, incómodo y apenas “en remodelación”.

Miles de turistas llegarán a México y se encontrarán con salas saturadas, procesos lentos y una infraestructura que dista mucho de la imagen de un país moderno.

No parece que vayamos a recibir al mundo como el mundo espera, y eso, también es una oportunidad perdida.

Hoy tenemos un aeropuerto viejo que no da para más, pero sobre todo, tenemos un problema que ya sabíamos cómo solucionar… y decidimos no hacerlo.

El aeropuerto de la Ciudad de México no solo está saturado, está  rebasado, por la demanda, por la realidad… y por las decisiones que lo condenaron a quedarse en el pasado.

Nos leemos el próximo miércoles con más del Dedo en la Llaga.

Sobre la Firma

Jurista, exlegislador y columnista sin concesiones.
rafaelcandelas77@hotmail.com
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