martes, agosto 25, 2026
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Con Singular Alegría | Susana Ibarrola: una mujer que no se rinde

GILDA MONTAÑO HUMPHREY

Hay personas a las que una vuelve a encontrar en la memoria, precisamente cuando la vida se pone difícil. Susana Ibarrola es una de ellas.

La semana pasada me escribió. Su mensaje llevaba, detrás de las palabras, ese peso que solamente puede comprender quien ha recibido de pronto una noticia capaz de partir la vida en dos: antes de la enfermedad y después de ella.

Susana tiene cáncer. Le han extirpado ambos senos y ahora enfrenta un largo tratamiento de quimioterapia que habrá de acompañarla durante años.

No es poca cosa.

Pero mientras la leía, pensé que sería injusto escribir sobre Susana solamente desde la enfermedad. Porque Susana no es el cáncer. Susana es mucho más que aquello que hoy le duele, que aquello que le han quitado de su cuerpo, que las horas difíciles que todavía tendrá que atravesar.

Susana es una mujer que ha sabido vivir.

Ha criado sola a su hijo, hoy cineasta, después de quedar viuda cuando él era todavía muy pequeño. Ha trabajado, ha escrito, ha ejercido el periodismo y ha pertenecido a una familia cuyo nombre forma parte de la historia del periodismo mexicano. Los Ibarrola han estado cerca de una de las fuentes más difíciles y delicadas del oficio: la información militar. Allí están Fátima y sus tíos, periodistas respetados, formando parte de esa tradición de mujeres y hombres que hicieron del periodismo una manera de mirar y entender al país.

Y está Susana. Con su propia historia. Con su propia voz.

Yo tuve la fortuna de conocerla en el Estado de México, cuando vino a apoyar al CDE del PRI en su delegación política; luego me enseñó a querer a la Asociación Mundial de Mujeres Periodistas y Escritoras (AMMPE). Fue Susana quien me invitó a formar parte de aquella organización. A través de ella entré a un espacio donde mujeres de distintas generaciones y procedencias, compartíamos una convicción: que escribir, investigar, preguntar y contar lo que ocurre, también es una forma de servir.

Fui vicepresidenta de la AMMPE en el Estado de México e hice allí una revista que recuerdo con especial cariño: El Tintero de las Musas. Pero más allá de los cargos y de las publicaciones, quedaron las personas. Y entre ellas, Susana.

Por eso hoy quiero escribir de ella. No para decirle que sea fuerte.

A veces les exigimos demasiado a quienes están enfermos. Les decimos: “eres una guerrera”, “tú puedes”, “tienes que ser fuerte”. Y quizá olvidamos que también tienen derecho a cansarse, a llorar, a tener miedo, a sentirse apesadumbradas.

Susana tiene derecho a todo eso. Pero también tiene derecho a que alguien le recuerde quién es. Y yo quiero recordárselo.

Es la mujer que crió a un hijo sola. La periodista que pertenece a una estirpe de periodistas. La amiga que alguna vez abrió una puerta para que otras mujeres pudiéramos entrar. La mujer que ha dejado una huella en el periodismo y en las organizaciones de mujeres periodistas y escritoras.

Y ahora es también la mujer que está aprendiendo a habitar un cuerpo distinto. Eso debe ser muy difícil. Pero una mujer no pierde su historia porque pierda una parte de su cuerpo. No pierde su inteligencia. No pierde sus recuerdos. No pierde sus afectos. No pierde su nombre.

Y, sobre todo, no pierde la dignidad con la que ha construido su vida. Quizá eso sea lo que quisiera decirle hoy a Susana. Que no está sola. Que quienes hemos compartido con ella una parte del camino, sabemos de qué está hecha.

Que detrás de esa mujer que hoy está triste, hay una enorme historia de trabajo, de maternidad, de periodismo, de amistad y de resistencia.

Y que todavía hay mucho por escribir. Porque las mujeres como Susana Ibarrola no deberían ser recordadas solamente cuando están enfermas.

Deberíamos recordarlas cuando están aquí, cuando trabajan, cuando crean, cuando abren caminos para otras mujeres, cuando nos enseñan que el oficio de vivir también requiere valentía. Hoy la vida le ha puesto delante una de sus pruebas más duras.

Y yo solamente quiero decirle:

Susana, no eres lo que la enfermedad te ha quitado. Eres todo lo que la vida no ha podido quitarte: Tu historia. Tu inteligencia. Tu memoria. Tu hijo. Tus amigos. Tu oficio. Tu nombre. Y esa parte de ti, que ninguna cirugía puede tocar: la mujer que has sido durante toda tu vida.

A esa Susana es a la que yo quiero recordar. Y a esa Susana, precisamente a ella, quiero decirle, que todavía la necesitamos aquí. Y que la seguimos esperando.

Sobre la Firma

Comunicadora, editora y analista política
gildamh@hotmail.com
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