CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
Hay momentos en que la política deja de hablar entre líneas. En Zacatecas, Alberto Anaya tomó el micrófono y dijo lo que hasta ahora muchos preferían dejar en el terreno de las señales: el Partido del Trabajo quiere gubernaturas y quiere que Geovanna Bañuelos sea gobernadora de Zacatecas.
No fue una frase de cortesía. Tampoco una de esas declaraciones que se olvidan cuando termina el acto.
El dirigente nacional del PT y coordinador de su bancada en el Senado fue explícito: “Queremos gubernaturas” y, después, puso nombre y apellido a la apuesta. Geovanna Bañuelos. Zacatecas. La gubernatura.
Eso cambia la lectura.
Porque una cosa es participar en la competencia interna de la llamada Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación y la Soberanía. Otra, muy distinta, es que un partido nacional diga públicamente que tiene una aspiración propia y que está dispuesto a construirla.
El PT acaba de hacer justamente eso.
Geovanna Bañuelos cerró la etapa de asambleas después de recorrer los 58 municipios. Su discurso no se apoyó en una promesa grandilocuente, sino en algo mucho más simple: caminar la política, escuchar de verdad, gestionar y no perder de vista el territorio.
Puede parecer poco novedoso en tiempos en que todos los aspirantes descubren, de pronto, que aman el territorio. Pero hay una diferencia.
Bañuelos ha intentado convertir ese recorrido en una estructura política. Y el PT parece haber entendido que ahí está una parte de su oportunidad.
La senadora no compite solamente por una candidatura. Compite también por evitar que el PT vuelva a ocupar el lugar que históricamente le ha correspondido dentro de las alianzas de izquierda: el de acompañante disciplinado de Morena.
Y en esta ocasión no parece dispuesto a conformarse.
Geovanna Bañuelos refrendó su respaldo a la presidenta Claudia Sheinbaum y al proyecto de transformación nacional. Pero también reivindicó algo más: la identidad del PT, su trayectoria, y sobre todo su autonomía política. No hay contradicción ahí. Hay estrategia.
Porque una coalición puede compartir proyecto nacional y, al mismo tiempo, tener intereses propios en el territorio. Eso es precisamente lo que Alberto Anaya vino a decir.
El mensaje fue más allá de la candidata. “Para nosotros Zacatecas es prioritario”, sostuvo. Y enseguida enumeró aquello que, desde la perspectiva petista, distingue a Geovanna Bañuelos: preparación, experiencia, trayectoria y un proyecto para el estado.
No es poca cosa que un dirigente nacional se comprometa de esa manera cuando la competencia apenas entra en una etapa más delicada.
Morena tiene sus propias reglas. Hay siete perfiles en disputa. Hay encuestas. Hay paridad. Hay acuerdos. Hay una coalición que debe administrar egos, territorios y expectativas.
Y hay, también, partidos que saben que una candidatura competitiva puede modificar el equilibrio de toda la negociación. El PT parece haber escogido su ficha.
Eso no significa que Geovanna Bañuelos tenga la candidatura asegurada. Mucho menos la gubernatura. La política zacatecana no suele regalar nada y las encuestas, los acuerdos y las decisiones nacionales todavía tendrán mucho que decir.
Pero sí significa algo importante: el PT no piensa entrar a la definición de 2027 como espectador.
Su apuesta tiene, además, un contenido programático que vale la pena mirar de cerca. Geovanna Bañuelos colocó sobre la mesa el campo, la seguridad, el tejido social, el empleo, el agua, la salud, las carreteras y la protección de los jóvenes frente al crimen organizado. También habló de ganaderos, productores de frijol, migrantes, madres buscadoras y del regreso del Fondo Minero a Zacatecas.
Son problemas concretos. Y por eso, más adelante, habrá que medir si esas palabras logran convertirse en políticas públicas. Ahí está la verdadera prueba.
Porque recorrer municipios da para muchas fotografías. Escuchar compromete. Y gobernar, que es lo difícil, exige resultados.
Tampoco presentó el cierre de las asambleas como una meta cumplida. Geovanna Bañuelos lo definió, más bien, como el comienzo de una nueva etapa de organización política. Y detrás de ella apareció una fotografía que importa: Alberto Anaya, Benjamín Robles, Óscar González, Lizeth Sánchez, 15 legisladores federales y, en Zacatecas, Alfredo Femat, Renata Ávila, alcaldes y estructuras municipales.
No parece una visita de cortesía. Parece el primer capítulo de una negociación que será larga.
El PT ya dijo qué quiere. Ahora tendrá que demostrar cuánto puede construir para conseguirlo.
Y Geovanna Bañuelos tendrá que hacer lo más difícil: convertir el respaldo de su partido en una candidatura competitiva, sin perder el territorio en el camino. Porque esta vez el PT no vino a acompañar la carrera. Vino a correrla.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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