martes, marzo 3, 2026
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En la Mira | 8M en Zacatecas: entre memoria, lucha y adiós a un actor local

ALDO PELÁEZ MEJÍA

El 8 de marzo no es una fecha para felicitar; es un día de conmemoración, memoria y exigencia, un recordatorio de luchas históricas por derechos que millones de mujeres han tenido que reclamar a través de generaciones. Aunque sus orígenes se remontan a las protestas de mujeres trabajadoras a principios del siglo XX y al movimiento internacional que en 1975 las Naciones Unidas reconocieron oficialmente, su esencia sigue siendo profundamente política.

El 8M visibiliza brechas de género persistentes, desigualdades laborales, la violencia machista y la urgencia de justicia social para mujeres de todas las edades y condiciones.

En Zacatecas, como en muchas ciudades mexicanas, las preparaciones para la marcha del 8M de este año han generado ya reacciones institucionales —como el blindaje de edificios públicos en el Centro Histórico previo a la movilización— que ponen sobre la mesa un debate esencial: ¿cómo equilibrar la protección del patrimonio con el derecho a la protesta?

Para muchas personas, las calles se convierten cada año en espacios de memoria y de exigencia. Marchar no es una celebración del “logro” de derechos, sino una reafirmación de que la lucha por igualdad, justicia y vida libre de violencia está lejos de haber terminado.

El 8M reclama acciones concretas, políticas públicas de cambio y un cambio cultural que vaya más allá de las vallas metálicas o los discursos institucionales.

Y en un contexto donde las voces ciudadanas reclaman justicia, memoria y participación real, también debemos recordar a las figuras que, desde otros ámbitos, contribuyeron al tejido social de nuestras comunidades.

Recientemente —y con profunda tristeza para muchos habitantes de Momax y la región— nos enteramos del fallecimiento de Juan Carlos Haro Álvarez, quien fuera presidente municipal en una etapa de transición política para ese municipio zacatecano.

Haro Álvarez fue parte de una generación de liderazgos locales que, aun desde partidos políticos distintos al tradicional, buscó abrir espacios de participación y gestión pública en comunidades donde la vida política municipal muchas veces giraba en torno a estructuras tradicionales.
Su paso como presidente municipal se inscribe en un momento de consolidación de pluralidad partidista en Zacatecas; su adiós es, para muchos, motivo de reflexión sobre las complejidades y retos de la política local y de la construcción de ciudadanía.

Si algo se conecta entre la conmemoración del 8M y esta despedida —aunque desde planos distintos— es la importancia de reconocer la pluralidad de voces y experiencias que conforman el Zacatecas de hoy.

La lucha por derechos de mujeres en las calles y la vida política en los municipios requieren memoria, diálogo, reconocimiento y compromiso. La conmemoración del 8 de marzo nos exige, además de marchar, pensar en qué tipo de sociedad queremos construir. El adiós a figuras como Haro Álvarez invita también a repensar cómo queremos la política municipal: cercana, plural, transparente y alineada con las exigencias ciudadanas de justicia y bien común.

El 8M no es una fecha para aplaudir discursos; es una fecha para cuestionarlos. Y la memoria de quienes ocuparon responsabilidades públicas no es para idealizarla, sino para aprender de ella.

Porque al final, tanto en las calles como en los ayuntamientos, la exigencia es la misma: dignidad, justicia y congruencia. Y eso —en Zacatecas— sigue siendo una tarea en la mira.

Sobre la Firma

Dirigente estatal del PAN en Zacatecas, abogado y maestro en Derecho
aldopm1988@gmail.com
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