TANIA LIBERTAD SÁNCHEZ ROMERO
Vivimos en una época en la que pareciera imposible hablar de juventud sin hablar de tecnología. Las nuevas generaciones crecieron rodeadas de teléfonos inteligentes, redes sociales, plataformas digitales, videojuegos, inteligencia artificial y múltiples dispositivos. Sin embargo, existe una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿realmente les interesa la tecnología o simplemente están acostumbrados a utilizarla?
La diferencia es importante. Utilizar una aplicación, consumir contenido en redes sociales o pasar horas frente a una pantalla no significa necesariamente tener interés por comprender cómo funciona la tecnología, desarrollar soluciones digitales o formarse profesionalmente en áreas tecnológicas. Para muchos jóvenes, la tecnología es principalmente un medio de entretenimiento, comunicación y socialización, pero no necesariamente un campo de conocimiento que quieran estudiar o convertir en una profesión.
Aquí aparece uno de los grandes retos para quienes trabajan en tecnología, educación e innovación: lograr que los jóvenes pasen de ser consumidores a convertirse en creadores de tecnología.
El desafío no consiste únicamente en enseñar programación, robótica, inteligencia artificial o ciencia de datos. El verdadero reto es conseguir que los jóvenes encuentren sentido en estas disciplinas y comprendan que detrás de cada tecnología existen oportunidades para transformar su entorno, resolver problemas y construir nuevas posibilidades para la sociedad.
Quizá necesitamos cambiar la manera de presentar la tecnología. En lugar de comenzar preguntando qué lenguaje de programación quieren aprender, podríamos preguntarles: ¿qué problema de su comunidad les gustaría resolver?, ¿qué cambiarían de su escuela?, ¿qué inventarían para facilitar la vida de las personas? Después, enseñarles que la tecnología puede convertirse en una herramienta para hacerlo realidad.
Los tecnólogos tienen entonces una tarea fundamental: dejar de hablar solamente de tecnología y comenzar a hablar de posibilidades. Hay que conectar la innovación con aquello que realmente preocupa, interesa y motiva a los jóvenes.
El futuro tecnológico no dependerá solamente de tener mejores dispositivos o sistemas más inteligentes. Dependerá de nuestra capacidad para formar jóvenes capaces de imaginar, cuestionar, crear y utilizar la tecnología con propósito.
El reto no es conseguir que los jóvenes amen la tecnología. Es lograr que descubran que la tecnología también puede ser una forma de transformar el mundo que les pertenece.
Sobre la Firma
Médica y académica, actualmente dirige la Unidad Académica Preparatoria de la UAZ
BIO Completa


