NOEMÍ LUNA AYALA
La libertad de expresión no puede depender de quién gobierna ni de qué tan cómoda resulte una crítica. En democracia, el poder debe soportar el escrutinio ciudadano.
Desde hace un año en el PAN rechazamos la llamada “Ley Censura” impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum.
Hoy, lanzan unos lineamientos de esa ley bajo el disfraz de proteger a las audiencias, lo que Morena pretende es abrir la puerta para que una autoridad cercana al Ejecutivo decida qué información es verdadera, cuál está descontextualizada, qué medio debe rectificar y a quién sancionar.
No se necesita prohibir una noticia para censurar. Basta con generar miedo y amenazar con sanciones para que periodistas y medios lo piensen dos veces antes de investigar, cuestionar o exhibir al poder.
Es que ejemplos de censura hay muchos. Está el caso de “dato protegido”; el veracruzano Ángel Camarillo obligado a retirar un reportaje sobre nepotismo; y las disculpas forzadas a las que obligaron a los periodistas de Campeche, Carlos y Abraham Martínez y Hubert Carrera.
Ahora, Morena quiere ponerle lupa a la prensa, pero pretende mantener en absoluta impunidad a su principal aparato de propaganda política: La Mañanera.
Desde Palacio Nacional se señala, acusa y exhibe a periodistas, opositores, empresarios, organizaciones y ciudadanos. Se lanzan afirmaciones que pueden destruir reputaciones, pero los afectados no cuentan con un mecanismo efectivo para responder en el mismo espacio y con la misma difusión.
Así funciona hoy el poder: puede contestarle a todos, pero nadie puede contestarle al poder.
Por eso, desde el PAN ya presentamos una propuesta para regular las conferencias matutinas en materia de verificación, rectificación, derecho de réplica y rendición de cuentas.
Que quede claro: no pretendemos cancelar La Mañanera ni censurar a la presidenta. Sólo exigimos algo elemental: que cuando presente datos o acusaciones tenga sustento y que los señalados puedan defenderse.
Nos preocupa que Morena quiera decidir qué deben escuchar los mexicanos, qué deben pensar y de qué pueden hablar. Ese camino conduce al pensamiento único y recuerda las prácticas de gobiernos autoritarios que restringieron libertades y persiguieron voces incómodas.
México no necesita una prensa domesticada ni un gobierno que se crea dueño de la verdad. Necesita libertad, pluralidad y contrapesos.
Si Morena quiere imponer reglas a los medios, que empiece por su propia casa: si acusa, que pruebe; si se equivoca, que corrija; si señala, que permita responder, máximo cuando la mañanera se realiza con recursos públicos.
Sobre la Firma
Legisladora combativa y constitucionalista firme con liderazgo panista con filo crítico.
dip_noemi_luna@hotmail
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