jueves, agosto 13, 2026
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La Casa de los Perros | Ulises acelera el paso

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

La carrera por la coordinación estatal de la transformación entró en una etapa distinta. Ya no se trata solamente de aparecer en una fotografía, pronunciar un discurso o sumar una adhesión. Agosto obliga a los aspirantes a mostrar algo menos vistoso y mucho más difícil de fabricar: presencia sostenida, reconocimiento y capacidad para convocar.

Ulises Mejía Haro llega a ese momento con una ruta que ha venido construyendo durante dos años. Más de cien conferencias de prensa desde la llamada Casa de la Esperanza y, en las últimas semanas, una agenda que lo ha llevado por distintas regiones de Zacatecas.

Son 52 asambleas informativas reportadas hasta ahora. El número, por sí solo, no dice quién ganará. Pero sí permite observar dónde está poniendo sus fichas.

Y el momento importa porque la definición no ocurrirá en una asamblea de aplausos. Morena, junto con el PT y el PVEM, recurrirá a encuestas telefónicas y presenciales para resolver las coordinaciones estatales en 17 entidades.

Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, y Ariadna Montiel, presidenta del Consejo Nacional de Morena, junto con los representantes del PT y del Verde Ecologista, conducen un proceso cuyos resultados están previstos para los primeros días de septiembre.

La política, entonces, entra en esa zona incómoda donde el esfuerzo deja de medirse por el volumen de una plaza y comienza a medirse por lo que permanece después de que las sillas se levantan.

Mejía Haro parece tenerlo claro. Su discurso no se ha concentrado únicamente en pedir respaldo. Ha intentado construir una agenda. Seguridad y pacificación, campo, agua, educación, salud, pueblos originarios y deporte forman parte de un planteamiento que busca presentar lo que llama el segundo piso de la transformación en Zacatecas.

En Fresnillo, por ejemplo, puso sobre la mesa una vieja paradoja del campo zacatecano: producir mucho y ganar poco.

El impago de cosechas, el coyotaje y la falta de valor agregado siguen dejando a los pequeños productores en una posición frágil. Su propuesta apunta hacia la industrialización del frijol, chile, ajo, cebolla y forrajes, mediante alianzas con empresas capaces de procesar y comercializar la producción.

La idea tiene una lógica económica. Pero también una condición: que pase del discurso a una política pública viable. Porque entre anunciar una alianza y conseguir que el productor reciba un mejor precio existe un trecho que ninguna conferencia de prensa puede recorrer por sí sola.

Con el agua sucede algo parecido. Mejía Haro plantea bordos comunitarios, pequeñas presas con capacidad cercana al millón de metros cúbicos, pozos de inyección para recargar los mantos acuíferos y la reactivación del proyecto Milpillas, con el argumento de atender el abastecimiento de agua potable para más de medio millón de personas.

Es una de esas materias en las que la política encuentra rápidamente sus límites. Hay proyectos que caben en un discurso y proyectos que requieren estudios, dinero, permisos, acuerdos y años de trabajo.

El desafío será demostrar que las propuestas pertenecen al segundo grupo.

Ha intentado, además, ampliar el discurso hacia sectores que rara vez aparecen en las disputas partidistas. En las comunidades originarias, particularmente entre el pueblo wirrárika asentado en Zacatecas, ha recogido demandas relacionadas con el reconocimiento formal de sus asentamientos y la protección de sitios sagrados como el cerro del Padre y el cerro de las Antenas.

Y en Pinos apareció otra pieza de su propuesta: el deporte como instrumento de desarrollo. El planteamiento incluye un Centro de Alto Rendimiento, una Universidad del Deporte y Villas Deportivas.

La apuesta parte de una ventaja concreta de Zacatecas: su altitud superior a los dos mil metros en distintas regiones, y también su ubicación geográfica.

El proyecto no se queda en la competencia. Mejía Haro plantea atraer delegaciones y torneos, pero también utilizar el deporte como herramienta de prevención, salud, educación y convivencia. El documento de aquella asamblea resume esa visión: infraestructura especializada, formación desde edades tempranas y una conexión entre deporte, turismo y desarrollo económico.

Es, quizá, la parte más interesante de su estrategia: intentar que una disputa interna no sea únicamente una disputa de nombres.

En Tres Cruces, en la cancha conocida como “La Jaula”, coincidieron los aspirantes registrados por Morena. Hubo equipos, consignas y la inevitable competencia por hacerse notar. Mejía Haro optó por insistir en una palabra que, en estas semanas, vale más de lo que parece: compañeros. No adversarios.

No es un detalle menor. Quien gane tendrá que trabajar con quienes pierdan. Y quien pierda tendrá que decidir si la unidad era una convicción o solamente una frase útil durante la campaña interna.

Mejía Haro ha sumado, además, respaldos de distintos sectores. Entre ellos, el del fotoperiodista y artista Pedro Valtierra en Fresnillo, con quien plantea fortalecer la vinculación con comunidades artísticas, culturales y de promoción turística.

Incluso frente al accidente sufrido por la senadora Geovanna Bañuelos, también aspirante, mantuvo una postura prudente: expresó solidaridad y llamó a extremar precauciones en los traslados carreteros.

Ahora viene la parte que ningún equipo puede controlar por completo: la encuesta.

Ahí se sabrá cuánto de lo construido en estos dos años se convirtió en reconocimiento ciudadano y cuánto quedó dentro del circuito político. Porque una cosa es moverse mucho y otra conseguir que ese movimiento deje huella.

Ulises acelera el paso. La pregunta ya no es cuánto corre. Es hasta dónde alcanza.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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