lunes, julio 13, 2026
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La Casa de los Perros | El silencio que también vota

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

Hay una silla vacía que dice más que cualquier discurso. El 6 de julio, mientras jubilados del Issstezac forcejeaban con la Mesa Directiva y diputados de oposición alzaban la voz contra la venta del Hotel Parador, el asiento de Alfredo Femat Bañuelos permaneció desocupado.

El exrector de la UAZ, el hombre que preside comisiones de presupuesto desde hace más de una década, prefirió Cancún. Fue a la graduación de su hija. Nadie puede reprocharle eso. Pero sí vale la pena mirar en qué momento decidió ausentarse.

Porque antes de la ausencia hubo una abstención. En comisiones, donde el dictamen se cocina antes de servirse en el pleno, Femat no votó en contra. Tampoco a favor. Se abstuvo, y esa abstención bastó para que el expediente llegara a una sesión que terminaría aprobándose con el margen más estrecho posible: 15 votos contra 14.

Cuando el resultado se decide por un solo voto, quedarse callado también cuenta como una decisión.

Su compañera de bancada tomó el camino inverso. Renata Ávila Valadez subió a Tribuna, invocó a la Suprema Corte, recordó que el derecho a la seguridad social no puede supeditarse a la disponibilidad financiera de un instituto en quiebra, y calificó de ilegal el dictamen. Votó en contra.

Acompañó a los pensionados que gritaban que se trataba de un despojo. Mientras Femat volaba hacia el Caribe, Renata discutía con la presidenta de la Mesa Directiva, la morenista Imelda Mauricio Esparza, sobre si debía o no abrirse un espacio para escuchar a los manifestantes.

Dos legisladores del mismo partido, la misma bancada, el mismo membrete oficial del Partido del Trabajo, actuando como si representaran fuerzas políticas distintas.

Lo interesante aquí no es quién tuvo la razón, sino qué explica esa distancia.

Femat no es un diputado improvisado. Fue rector de la UAZ, presidió la Comisión de Relaciones Exteriores en San Lázaro y durante años ha manejado asuntos presupuestales en los congresos local y federal. Si alguien conocía el alcance financiero y político del dictamen, era él.

Si alguien podía explicar con solvencia técnica por qué la dación en pago del Hotel Parador resolvía o no la crisis del instituto, era él. Eligió no hacerlo. Su abstención no fue la de un legislador novato que desconoce el tema, sino la de alguien que probablemente lo conoce demasiado bien como para arriesgarse a tomar partido en público.

Y ahí empieza a entenderse el fondo del asunto. El PT nacional forma parte de la alianza que gobierna Zacatecas. Votar en contra del todavía inquilino de La Casa de los Perros en un tema tan sensible como el patrimonio pensionario habría significado una ruptura visible con el bloque oficialista. Votar a favor habría exhibido a un partido que se dice de izquierda respaldando la venta de un activo que sindicatos y jubilados llaman despojo.

La abstención en comisiones, seguida de una ausencia providencialmente programada para el día de la votación en el pleno, resuelve ese dilema sin resolverlo: permite que el dictamen avance sin que el nombre de Femat quede registrado como responsable directo.

Renata no tuvo ese lujo, o no lo buscó. Su posicionamiento en Tribuna fue el de alguien dispuesto a pagar el costo político de la disidencia interna. Advirtió que la operación crea un precedente peligroso, que hoy es el Hotel Parador y mañana podría ser el Paraíso Caxcán o el Mesón de Jobito.

Defendió a los adultos mayores que el bloque oficialista había descrito como “títeres de la oposición”. Lo hizo sabiendo que su partido, en el plano nacional, necesita mantener buenas relaciones con Palacio de Gobierno.

La coincidencia de calendarios rara vez es casual en la política zacatecana. Un viaje a Cancún, una graduación familiar, una comisión donde se guarda silencio: cada pieza, por separado, es explicable. Vistas en conjunto, trazan la ruta de quien prefiere no dejar huella en las votaciones que definen el destino de miles de pensionados. Femat construyó, con material irreprochable en apariencia, la salida perfecta.

No fue solamente la historia de un diputado ausente. Fue la fotografía de un partido atrapado entre conservar su lugar en la alianza gobernante y sostener el discurso con el que pide el voto. Cuando ambos objetivos chocan, algunos levantan la voz. Otros encuentran una agenda fuera del estado.

La militancia tendrá que decidir cuál de las dos historias quiere contar el día que piensen en Femat Bañuelos como posible candidato a algo.

Porque las ausencias, en política, también dejan récord.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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