NOEMÍ LUNA AYALA
Las cifras optimistas que presenta la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la supuesta disminución de los homicidios dolosos en México no corresponden a la realidad que viven millones de familias.
Son números que buscan construir una narrativa de éxito en materia de seguridad, mientras miles de hogares siguen marcados por la violencia, las desapariciones y la impunidad.
Desde Palacio Nacional se insiste en que los asesinatos han disminuido. Se muestran gráficas y estadísticas que pretenden demostrar avances; sin embargo, la realidad cotidiana contradice el discurso oficial.
La violencia no desapareció, simplemente cambió la forma de registrarse. Mientras las cifras de homicidios dolosos bajan en los informes gubernamentales, aumentan otras categorías que generan dudas sobre la manera en que se contabilizan las muertes violentas.
La consecuencia es evidente: se construye una realidad ficticia que no coincide con lo que ocurre en las calles, donde continúan el cobro de piso, los secuestros, las desapariciones y la disputa criminal por amplias regiones del país.
El caso de mi estado Zacatecas resulta ilustrativo. Durante el primer cuatrimestre de 2026, las cifras federales reportaron 154 homicidios culposos frente a sólo 29 homicidios dolosos.
La pregunta es inevitable: ¿cómo puede una entidad golpeada durante años por la delincuencia organizada registrar cinco veces más muertes accidentales que asesinatos intencionales?
A ello se suma el crecimiento de las desapariciones. Detrás de cada caso hay una familia que exige respuestas, que busca justicia y enfrenta la indiferencia de un gobierno más preocupado por las estadísticas que por las víctimas.
En Morena parecen convencidos de que cambiando las palabras cambian los hechos. Ya lo hemos visto cuando llamaron “afluente de agua” a una inundación o “percance de vía” a un descarrilamiento.
Ahora parece ocurrir lo mismo con la inseguridad. Los asesinatos dejan de llamarse homicidios dolosos para aparecer en otras categorías, mientras las desapariciones crecen y las familias siguen esperando justicia.
México necesita transparencia, diagnósticos honestos y una estrategia de seguridad que produzca resultados reales. Las familias merecen verdad, no propaganda.
La violencia no se combate maquillando cifras ni modificando conceptos. Se combate enfrentando la realidad, aplicando la ley y garantizando justicia para las víctimas, tal como lo exigimos desde Acción Nacional.
Sobre la Firma
Legisladora combativa y constitucionalista firme con liderazgo panista con filo crítico.
dip_noemi_luna@hotmail
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