jueves, junio 25, 2026
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Aulas enfrentan crisis emocional silenciosa

TANIA LIBERTAD SÁNCHEZ ROMERO

La salud mental de los estudiantes de preparatoria se ha convertido en uno de los principales retos para las instituciones educativas. Actualmente, nuestras juventudes enfrentan múltiples factores que impactan su bienestar emocional: presión académica, problemas familiares, violencia, discriminación, incertidumbre social, consumo de sustancias, así como el uso excesivo de redes sociales que muchas veces genera ansiedad, aislamiento o baja autoestima. Ante este panorama, la escuela no puede limitarse únicamente a la formación académica; debe consolidarse también como un espacio seguro de escucha, acompañamiento y orientación.

El cuidado de la salud mental en el nivel medio superior es fundamental porque en esta etapa las y los jóvenes construyen gran parte de su identidad, fortalecen su autoestima y desarrollan habilidades para relacionarse con su entorno. Cuando un estudiante enfrenta problemas emocionales sin atención oportuna, su rendimiento académico, convivencia escolar y proyecto de vida pueden verse seriamente afectados. Por ello, resulta indispensable promover acciones preventivas que favorezcan ambientes escolares más humanos, inclusivos y empáticos.

En este contexto, el trabajo de las y los orientadores educativos adquiere una relevancia estratégica dentro de los planteles. Su función no debe entenderse únicamente como un apoyo administrativo o académico, sino como una labor integral de acompañamiento emocional y contención. Muchas veces, las y los estudiantes encuentran en el orientador a la primera persona adulta que escucha sus preocupaciones, detecta señales de riesgo y canaliza oportunamente situaciones que requieren atención especializada.

Reforzar el trabajo de orientación educativa implica brindar mayores herramientas de capacitación, protocolos claros de intervención y redes de apoyo institucional que permitan atender de manera adecuada problemáticas como ansiedad, depresión, violencia, ideación suicida o conflictos familiares. Asimismo, es importante reconocer y dignificar su labor, ya que el acompañamiento emocional requiere sensibilidad, preparación y compromiso permanente.

Hablar de salud mental en las preparatorias no debe ser un tema secundario ni abordarse únicamente en momentos de crisis. Invertir en el bienestar emocional de nuestras juventudes significa fortalecer su desarrollo integral y contribuir a la formación de personas más seguras, resilientes y capaces de enfrentar los desafíos de la vida cotidiana.

Sobre la Firma

Médica y académica, actualmente dirige la Unidad Académica Preparatoria de la UAZ
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