La senadora Geovanna Bañuelos solicitó ante el Senado mexicano que la Secretaría de Educación Pública implemente programas urgentes para garantizar la permanencia de estudiantes con discapacidad. La iniciativa surge ante una tasa de deserción del 25% en este sector, cifra que duplica la media internacional y evidencia graves deficiencias en la infraestructura y capacitación docente del sistema nacional.
La brecha educativa en México presenta niveles críticos que superan las tendencias globales de manera alarmante. Mientras la UNESCO sitúa la deserción en educación especial en un 14% a nivel mundial, el contexto mexicano revela que uno de cada cuatro jóvenes con discapacidad abandona los estudios antes de concluir la educación secundaria,. Esta estadística, significativamente superior al promedio nacional de deserción escolar, expone una vulnerabilidad estructural que compromete el desarrollo de miles de ciudadanos.
La propuesta legislativa presentada ante el Pleno urge a la creación de estrategias integrales que trasciendan la simple matriculación para enfocarse en el acceso, la permanencia y la participación efectiva de los alumnos,. Las barreras identificadas por organismos internacionales como UNICEF no son exclusivamente pedagógicas; incluyen obstáculos físicos y socioeconómicos que afectan primordialmente a menores de entre 6 y 12 años. La falta de infraestructura adecuada, que incluye la carencia de rampas, señalización en braille y sanitarios funcionales, actúa como un factor de exclusión sistemática en los planteles públicos del país.
Desde una perspectiva institucional, la exclusión educativa contraviene el Artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece la educación como un derecho humano fundamental bajo la responsabilidad directa del Estado. El análisis legislativo sitúa la inclusión no como una meta opcional o lejana, sino como un pilar central de la excelencia educativa que demanda el reconocimiento de la diversidad de capacidades en todos los espacios de aprendizaje. Por ello, se exige que las nuevas estrategias de la Secretaría de Educación Pública incluyan acompañamiento académico y psicosocial, además de medidas concretas para mitigar las dificultades económicas que enfrentan las familias.
La resolución de esta problemática requiere una inversión profunda en la capacitación docente en materia de no discriminación y ajustes razonables para la enseñanza,. La postura defendida en el Senado sostiene que la educación no debe ser considerada un privilegio condicionado, sino un derecho garantizado por el principio del interés superior de la niñez,. El desafío para las autoridades educativas radica en transformar los centros escolares en entornos verdaderamente accesibles para evitar que el sistema continúe expulsando a los sectores más desprotegidos de la sociedad
LNY | Redacción

