JULIETA DEL RÍO VENEGAS
Cada cuarto jueves de abril, el Día Internacional de las Niñas en las TIC nos invita a mirar hacia el futuro, pero también a revisar con honestidad el presente. En 2026, con la inteligencia artificial como eje de la conversación, el reto ya no es sólo acercar a más niñas a la tecnología, sino garantizar que su participación sea plena, informada y segura.
Hablar de inclusión digital hoy implica mucho más que acceso a dispositivos o conectividad. Significa abrir espacios reales para que niñas y jóvenes se conviertan en creadoras de soluciones tecnológicas, en desarrolladoras o científicas de datos. Pero también exige reconocer que el entorno digital en el que se están formando no está exento de riesgos, especialmente cuando se trata del uso intensivo de datos personales y sistemas de inteligencia artificial.
La inteligencia artificial llegó para quedarse. Está en buscadores, redes sociales, plataformas educativas y hasta en herramientas cotidianas de productividad. Sin embargo, su desarrollo y funcionamiento dependen de datos que muchas veces provienen de las propias personas usuarias, incluidas niñas y adolescentes. Aquí es donde surge una de las grandes responsabilidades de nuestro tiempo: formar generaciones que no solo sepan usar la tecnología, sino que comprendan sus implicaciones.
Incorporar a más niñas en las TIC debe ir acompañado de una educación sólida en derechos digitales. No podemos ignorar que la brecha de género también se refleja en los sesgos de la propia tecnología. Sistemas de inteligencia artificial que replican estereotipos o que invisibilizan a ciertos grupos son una consecuencia directa de la falta de diversidad en su desarrollo. Por ello, impulsar la participación de niñas en estos campos no es solo una cuestión de equidad, sino de calidad democrática y tecnológica.
Desde la perspectiva de la protección de datos personales, el desafío es doble. Por un lado, fortalecer marcos normativos y mecanismos de vigilancia que garanticen un uso adecuado de la información. Por otro, empoderar a las niñas para que sean conscientes del valor de sus datos. No se trata de generar miedo, sino de construir confianza basada en conocimiento.
Hoy más que nunca, necesitamos políticas públicas, programas educativos y esfuerzos institucionales que integren estos elementos de forma transversal. La promoción de vocaciones tecnológicas en niñas debe ir de la mano con una cultura de privacidad, ética digital y pensamiento crítico frente a la inteligencia artificial.
Porque no basta con que participen: necesitamos que lideren, que cuestionen, que innoven. Que entiendan que la tecnología no es un espacio ajeno, sino un terreno en el que tienen derecho a incidir.
El futuro digital no puede construirse sin ellas. Pero tampoco puede construirse sin garantías. La inclusión, en este contexto, no solo es acceso: es también protección, formación y participación consciente. Solo así podremos hablar de un verdadero desarrollo tecnológico con rostro humano.
Sobre la Firma
Escritora y defensora institucional de la transparencia y los datos
contacto@julietadelrio.org.mx
BIO completa


