JUAN DEL REAL
La reciente elección local en Coahuila dejó más preguntas que certezas. Mientras el discurso oficial local intenta presentar el proceso como una muestra de fortaleza democrática, la realidad exhibe los viejos vicios de un sistema político que se resiste a evolucionar. No es casualidad que Coahuila sea el único estado del país donde la elección de diputaciones locales ocurre de manera aislada. Más que incentivar la participación ciudadana, este modelo parece diseñado para preservar estructuras de control político construidas durante décadas.
Los reportes de casillas con una participación atípica, más votantes que electores inscritos, denuncias de acarreo, clientelismo, presión sobre beneficiarios de programas y diversas irregularidades recuerdan prácticas que muchos mexicanos creían superadas, salvo por el viejo PRI y Morena.
La democracia pierde legitimidad cuando la movilización ciudadana es sustituida por mecanismos de coacción y cuando la competencia electoral se convierte en una simulación administrada desde el poder.
Sin embargo, el resultado también deja una lectura nacional. A pesar de la operación política desplegada por las viejas maquinarias, los partidos tradicionales continúan enfrentando un profundo desgaste social. El rechazo ciudadano hacia quienes han gobernado durante décadas permanece vigente. Pero tampoco puede ignorarse el desencanto creciente hacia Morena .
La elección de Coahuila no sólo habla de un estado atrapado entre inercias del pasado; también refleja el momento que vive el país. Los ciudadanos están cansados de elegir entre lo malo conocido y lo malo por conocer. México necesita gobiernos eficaces, instituciones confiables y oportunidades reales para las familias.
La lección es clara: la ciudadanía demanda resultados, no propaganda; soluciones, no pretextos; y una nueva generación de liderazgos capaz de romper con las prácticas del pasado y responder a los desafíos del presente.
Sobre la Firma
Jurista, académico y dirigente de Movimiento Ciudadano.
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