¡Feliz año nuevo mujeres!

SARA LOVERA

Yo estoy muy emocionada. Podría suceder un milagro en este México desangrado, cuyas desgracias impactan de manera diferenciada a las mujeres, y como todo  nos atañe, el horizonte nos obliga a realizar un enorme esfuerzo para reconstruir nuestra esperanza, nuestras familias y nuestros amores.

Pero  cómo despojarnos  del  incalculable dolor que atraviesa nuestra vida cotidiana; dónde lograr un avance cívico, ya que estamos en año electoral. Quien puede asegurarnos nada y al mismo tiempo como no levantarse este 2 de enero, confiando en  que sí, que nos irá mejor, todo  es cuestión de fe y de fortaleza individual.

La cuesta de enero es lo de menos. Me acuerdo hace ya muchos años que un secretario de hacienda le dijo a una colega que en este país no pasa nada. El pueblo es genial. Siempre se las arregla, hace tandas para pagar las deudas que nos dejaron las fiestas de fin de año, ya sean  familiares o nacionales;  nuestro pueblo es trabajador y alegre, decías, aunque yo lo veo amenazado por el pacto patriarcal.

Cada año dicen hay que renovar la esperanza  y  tomar los acontecimientos  con calma. ¿Qué nos preocupa? La opacidad en el manejo de nuestros impuestos, los ríos de recursos para las campañas electorales.

Nos dicen y nos desean  que hay que  estar en buena forma, con harta salud.  Y como  va a acabar el sexenio estrenaremos  un sistema de salud del primer mundo. Atrás quedarán  las enormes filas para conseguir una ficha en la clínica, o pedir dinero  prestado para los medicamentes.

Y si te pones a pensar en cómo nos fue en 2023, seguro nos irá mejor.

Estas frases huecas de año nuevo contrastan con la realidad. El  2024 anuncia una situación difícil. En nuestro entorno anida la desconfianza y el miedo, no exclusivamente por la violencia estructural, sino por el cambio climático, la escases de agua, los conflictos vecinales, los apagones y la violencia específica contra las mujeres.

Nos vamos a cansar de escuchar, otra vez, las promesas y las propuestas en el vacío.

Encima vivimos con la amenaza sistemática al derecho a disentir y a la libre expresión de las ideas. No hay presos políticos, cierto, pero  sí crímenes contra las y los defensores de derechos humanos; conflictos en amplias zonas del país por la tierra y el territorio, y la criminalización de la protesta.

Dicen algunas autoridades electorales  temer por la violencia política contra las mujeres  en razón de género; hasta ahora  no disminuyó la pobreza y en muchos hogares no hay  forma para que alcance para comprar la canasta básica.

En 2023 se ofreció y ahora dicen que no habrá  un Sistema Nacional de Cuidados que nos libraría, a las mujeres, al menos teóricamente, de la dura y pesada doble y triple jornada; tampoco pudimos avanzar en la no discriminación. La Cámara de Diputados, aprobó reducir todavía más el presupuesto etiquetado para la política de género, colocándose en el más bajo desde 2019.

El empleo femenino, aunque crezca, será como en los últimos años uno  precario y mal pagado. En el año nuevo parece que no podemos ilusionarnos como nos enseñaron. No hay para cuando la reconstrucción del bello puerto de Acapulco, como no hay manera de esperar que se cierre la brecha salarial entre hombres y mujeres. Está la amenaza cotidiana de encontrarnos en lo individual, con un hecho criminal a las puertas de nuestra casa. El año nuevo festivo y rojo se nos deshace entre las manos si nos ponemos a pensar. Veremos.

Periodista. Directora del portal informativo http://www//semmexico.mx