CARLOS PEÑA BADILLO
Como dirigente de un partido político, hoy exigí en una conferencia de prensa que las autoridades estatales responsables de impartir justicia y de esclarecer hechos delictivos, trabajen a marchas forzadas para aclarar lo que sucedió en el municipio de Ojocaliente, donde se registró la explosión de un coche bomba frente a la comandancia de la presidencia municipal, en un acto de terrorismo por la intención sistemática de violencia e intimidación.
El terrorismo es el uso sistemático de la violencia, la intimidación o el terror en su plena expresión, ya sea con fines políticos, ideológicos, religiosos o sociales. Son actos que van dirigidos a coaccionar a un gobierno, una organización o a la sociedad civil, como ocurrió este domingo en el municipio de Ojocaliente.
Mientras esto sucede, el gobierno del estado insiste que los homicidios han disminuido hasta en un 96 por ciento y que Zacatecas goza de una paz total, pero la realidad es que no necesariamente se está pacificando el Estado, o que el gobierno haya derrotado ya a la delincuencia organizada.
Ante un hecho tan lamentable que inmediatamente acaparó los reflectores de la prensa local, nacional e internacional, exigí solidaridad con las personas heridas y con sus familias. Máxime sabiendo que la población tiene miedo y una preocupación, que crispa los nervios. Por ello, uno esperaría de las autoridades palabras de solidaridad, de respaldo y consuelo. Pero no es así. Al contrario, se sigue afirmando que el Estado está en paz, aunque todos los zacatecanos respiren el miedo y sientan el temor.
Por eso dije en una conferencia de prensa que no se puede vivir en un Zacatecas donde las autoridades no entienden ni atienden la realidad y se concentran en alardear la disminución de homicidios y presentar estadísticas triunfalistas que no reflejan lo que sucede en el Estado. No cabe duda que los zacatecanos respiramos miedo y sentimos temor y preocupación por la violencia.
Resulta insultante que ante los hechos del domingo en lugar de palabras de respaldo y empatía, el gobierno otra vez explica con cifras, porcentajes y comparativos que están dando buenos resultados. No alcanzan a comprender lo profundamente ofensivo que puede resultar ese discurso para quien tiene que vivir en la realidad. No entienden que las personas no vivimos dentro de una gráfica, vivimos en las calles, en las plazas y en el transporte público.
Los zacatecanos somos quienes mandamos a nuestras hijas e hijos a la escuela, quienes salimos a trabajar, quienes abrimos un negocio, quienes viajamos por carretera y los que escuchamos las detonaciones y sentimos miedo y, por ello, me pregunto ¿cuál es la estadística que hace desaparecer el miedo de una madre?; ¿cuánto tiene que bajar una gráfica para que deje de importar que una persona o su familia abandone su ciudad, su casa y trabajo por temor al crimen?
Hace unos días ante unos explosivos tirados en la comunidad de San Luis de Custique, en Tabasco, le dijeron al alcalde que no había que alarmar indebidamente a la población. Hoy nos dicen que no debemos sobredimensionar la violencia, e incluso un diputado federal zacatecano se atrevió a decir que estas acciones del crimen organizado son comunes cuando se les combate. Cuando un coche bomba explota frente a una comandancia de policía no es normal.
Tampoco es normal que quienes gobiernan parezcan más preocupados por defender la interpretación de sus estadísticas, que por reconocer el miedo de la población. Por favor que ya tengan humanidad las autoridades.
Sobre la firma
Diputado, exalcalde, voz opositora firme
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