CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
La fotografía que deja la más reciente encuesta de Enkoll sobre la sucesión gubernamental en Zacatecas tiene un dato dominante y otro incómodo. El primero es que Ulises Mejía Haro aparece al frente de todos los indicadores relevantes de la medición. El segundo es que el rechazo a la oferta actual de aspirantes de Morena alcanza prácticamente el mismo tamaño que el respaldo del puntero.
Levantada entre el 10 y el 13 de junio de 2026 mediante 1,211 entrevistas cara a cara en viviendas, con ciudadanos que cuentan con credencial para votar vigente, la encuesta reporta un margen de error de ±2.8% y un nivel de confianza de 95%. El diseño probabilístico y polietápico busca representar al conjunto del electorado zacatecano. Sin embargo, el propio estudio contiene una advertencia que resulta central para interpretar los resultados: la mayoría de los aspirantes sigue siendo poco conocida por amplios sectores de la población.
Ese factor condiciona prácticamente toda la lectura de la contienda.
El nivel de reconocimiento de los perfiles es todavía limitado. Ulises Mejía Haro encabeza con 48% de conocimiento entre la población. Le sigue José Narro Céspedes con 42%. Ningún otro aspirante supera el umbral del 40%.
En ese grupo de aspirantes aparecen Carlos Puentes Salas y Julia Olguín Serna. La encuesta muestra que ambos enfrentan el principal desafío de esta etapa temprana de la contienda: darse a conocer ante una mayoría del electorado que aún no tiene una opinión formada sobre sus perfiles. Precisamente por ello, sus mediciones deben leerse con cautela, pero también como evidencia de que conservan un margen amplio para crecer conforme avance la exposición pública y el trabajo territorial. En una carrera que todavía registra altos niveles de desconocimiento e indecisión, la visibilidad sigue siendo uno de los activos más valiosos.
La consecuencia metodológica es relevante. Cuando la encuesta mide atributos como honestidad, cercanía, conocimiento del estado o cumplimiento de promesas, las respuestas provienen únicamente de quienes conocen a cada personaje. No se trata de una evaluación del conjunto de los ciudadanos, sino de segmentos específicos y relativamente reducidos.
Aun con esa reserva, los datos muestran una tendencia consistente. Mejía Haro obtiene las mejores evaluaciones en todos los atributos analizados. Lidera en conocimiento del estado con un saldo de 22.1 puntos; en cercanía con 15.1; en honestidad con 12.3; y en cumplimiento de promesas con 11.5.
Lo relevante no es solamente que encabece cada rubro, sino que lo haga de manera uniforme. En las mediciones electorales suele ser frecuente encontrar liderazgos fragmentados: un aspirante puede destacar por cercanía y otro por capacidad. En este caso, la ventaja aparece distribuida en todas las dimensiones evaluadas.
Ese dominio cualitativo encuentra correspondencia en la preferencia electoral interna.
Cuando se pregunta directamente quién debería ser el candidato de Morena a la gubernatura, Mejía Haro obtiene 23% de las menciones. Geovanna Bañuelos y Verónica Díaz Robles aparecen empatadas con 10% cada una. La distancia entre el primer lugar y sus perseguidoras es de 13 puntos.
Sin embargo, la cifra más reveladora no está necesariamente en el liderazgo del diputado federal.
El 22% de los entrevistados responde que no prefiere a ninguno de los aspirantes presentados. Es apenas un punto menos que el respaldo obtenido por el puntero. A eso se suma un 15% que no sabe o no responde.
En conjunto, 37% de la muestra permanece fuera de las opciones actualmente en disputa.
Ese dato modifica la interpretación del escenario. La encuesta confirma la existencia de un liderazgo interno, pero también muestra que la competencia se desarrolla sobre una base todavía inmadura de conocimiento y definición política. El líder existe. La consolidación del electorado, todavía no.
La diferencia entre preferencia bruta y preferencia efectiva ilustra ese fenómeno. Al excluir del cálculo a quienes responden “ninguno”, “no sabe” o no contestan, Mejía Haro pasa de 23% a 36%. Geovanna Bañuelos y Verónica Díaz suben de 10% a 16%.
La ventaja se amplía estadísticamente, pero el crecimiento no proviene de nuevos apoyos, sino de una depuración metodológica del universo analizado. Por eso la preferencia efectiva sirve para observar la correlación entre quienes ya eligieron una opción, mientras que la preferencia bruta permite dimensionar el tamaño real de cada apoyo dentro del conjunto de la población.
La encuesta también deja otros dos mensajes relevantes.
El primero es que Morena mantiene una posición dominante en la identidad partidista estatal. El partido registra 32% de afinidad ciudadana, muy por encima del PRI, que alcanza 12%, y de Movimiento Ciudadano, con 11%.
El segundo es que la discusión sobre género aparece prácticamente equilibrada. El 37% preferiría que el próximo gobernador fuera hombre y el 35% optaría por una mujer. La diferencia se encuentra dentro del margen de error. Además, una cuarta parte de los ciudadanos declara que el género le resulta indiferente.
A un año de que la sucesión entre en su etapa decisiva, la encuesta describe un escenario con dos realidades simultáneas. Por un lado, un aspirante que lidera reconocimiento, atributos y preferencia interna. Por otro, una proporción considerable de ciudadanos que todavía no encuentra representación en ninguno de los nombres que hoy ocupan la conversación política.
Los números muestran una ventaja. También muestran un espacio abierto.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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