PABLO PEDROZA
“Cuando se agitan las aguas de la Política
–y esto es algo que suele ocurrir con frecuencia–
reaparece la eterna cuestión acerca de si la está haciendo
quien debe.
La atención se dirige no tanto (o no sólo)
a cómo se hace sino a quién la hace”.
Innerarity
Avanza enero y con él todas las teorías, suposiciones y certezas del “yo creo”. La única coincidencia entre morenistas, casi exmonrealistas y opositores es que es tiempo de abandonar a David. Dicho de otro modo: David ya no es tema, salvo para el hecho —del cual nadie se salva— de señalar sus yerros y su fracaso en aspirar a ser el mejor gobernador de la historia.
Una buena parte de la comentocracia, de la tertulia y del radio pasillo coinciden en que, antes de que se vaya y después de que se vaya, habrá un momento antes de David y después de él para reivindicar a todos los gobernantes del pasado cercano y del futuro lejano.
Pero así como hay consenso —mal consenso— hacia el que se va, también hay ruido, multiplicidad de versiones y apuestas varias sobre quién habrá de sucederlo.
Vivimos momentos en que, al menos en apariencia, la política está abierta a todos. No hay opinión o intención que se contenga entre quienes, sin ser actores principales, buscan con sus opiniones inclinar simpatías hacia algún lado, menos hacia donde se inclina David.
Quienes esbozan la razón de las encuestas no tienen duda: si por esa vía es, el ungido será Ulises Mejía. Le auguran ocupar el primer sitio, seguido de José Narro y, después, más abajo, Alfonso Ramírez Cuéllar —por falta de trabajo consistente en Zacatecas— y, pese a su exposición, también Rodrigo Reyes.
De este último, y aunque hay opiniones que lo consideran un hombre serio que atiende y da la cara —entre ellas la del exmagistrado Arturo Nahle—, no pudo escaparse del escarnio en tiempos presucesorios. A Rodrigo lo agarraron en un momento de bajada cuando la periodista Verónica Trujillo cubrió con la publicidad de su agencia de noticias un espectacular que promovía a “RR”, que atribuyen a Rodrigo Reyes, aunque también podría ser el famosísimo Rodrigo Román, el “RO”.
Sí, por la vía de un dedazo afectivo presidencial, será Alfonso Ramírez Cuéllar, ese mismo del coro de “Quiero que la polla quiera”, aunque él anda moviéndose con temas por todo el país sin aterrizarlos en ningún momento en Zacatecas, en una lógica de posición federal.
Están los que ven en Narro a un hombre también con ligas, afectos y amarres en Palacio Nacional, al extremo de que sería el Plan B de una decisión centralista, como han sido casi todas desde que este país “ya cambió y es bien mucho demócrata, ja ja”. Claro, primero tendría que hablar amablemente el segundo del primero. Quienes observan y comunican en esos linderos consideran que una unidad con Ulises “Polla” es posible, pero con Narro lo dudan.
Hay también otro consenso: Ricardo Monreal no logrará ayudar —ni a manejar, ni a colisionar— su sucesión. Esos mismos, en razón de la próxima reforma electoral, le ven una pequeña luz al final del túnel a Saúl Monreal, aunque su partido le cortaría las alas; esa luz se apagaría y lo suyo acabaría en una aventura hacia la nada, pues ya está desgastado el apellido, como dijo el escapista Ricardo cuando nos regaló aquel “Ni un Monreal más”.
Si fuera mujer, las buenaventuras y simpatías van para Geovana Bañuelos. Con Verónica nadie quiere ir a ningún lado, aunque se convierta en la chofer de todos para congraciarse. A lo más que le vaticinan es estar entre las tres finalistas en la encuesta que viene, y que si Geovana es medida en la misma, Verónica quedaría en segundo lugar, seguida de Susana. De Benelly, que ni esfuerzo hace, y de Julia, después del quemón con la CATEM, ya nadie juega con ella.
Y como el Verde no puede quedar fuera de los comentarios de quienes hacen futurismo y su política de a pie, lo último es el presunto mensaje recibido por Carlos Puente Salas, que dejaría claro que Verónica no va y que acelera su aspirante corazón por el supuesto acuerdo entre ambos.
En el lado opositor, Alejandro Alito Moreno sigue jugando con el corazón grilleril del priismo zacatecano. Pese a eso, Adolfo Fito Bonilla se mantiene como el favorito entre los priistas. Sin un despliegue evidente de posicionamiento, lo suyo va creciendo en el comentario de grupos y redes, y en el boca a boca entre el pueblo bueno y sabio, que entra en la lógica de “Quiero que Fito quiera” y recorra, ahora sí, el camino completo, y mejor aún, gobierne.
A Fito lo ven y hablan bien de él tirios y troyanos. Quienes saben dicen que haría buen consenso y sería favorito entre las redes de los que hacen política formal desde los partidos, los ayuntamientos y la nueva gobernanza.
Pista tiene para avanzar; habrá que observar cómo la recorre. Sabe de las viejas formas y observa —y traduce— este impulso que pretende ser nuevo, aunque solo se sustente en la lógica de los antagonismos.
En el lado de otro componente de una presunta coalición, quien va arriba —aunque con el regreso de viejos panistas con ascendencia su escenario podría cambiar— es el alcalde de la capital, Miguel Varela Pinedo. Él hace lo que puede para llegar, incluso a riesgo de deteriorar su imagen. Los suyos lo promueven con singular empeño y alegría, aunque confiesan que les va mejor Adolfo Bonilla.
Miguel Varela está, o debería estar, en los asuntos capitalinos, entre ellos los convenios de mando único o coordinación policial con el gobierno del estado. Debe tener cierta claridad: ya aprobó ambos a mano alzada sin conocerlos, gracias al vivillo de Sonduk y con la anuencia de David. Entre los azules leales y los talibanes azules, él es quien los representa.
Varela, en los corrillos que no frecuenta porque los listados andan en política de altura y poco se ocupan de redes terrenales y vasos comunicantes, también inició la semana con chascarrillos sobre su salud. El chascarrillo surgió con motivo de una de sus reiteradas visitas a su tierra, y lo reducen a un: “¿no encontraba al niño, encontrará la candidatura?”
Jorge Álvarez Máynez ya tiene su pista nacional. ¿Dejará la posibilidad de manejar la baraja nacional para venir en busca de la maldita herencia que deje la nueva gobernanza? Como sea, todos coinciden: a los morenistas les falta cohesión, y a la oposición le falta escoger, no al que más quiera, sino a quien más pueda. A quienes dirigen los partidos les falta recordar aquello de que el que excluye se autoexcluye.
Escribe Antonio Martí Monterde: “Si la nuestra ha sido, durante tanto tiempo, una cultura de la conversación, la vida de Café ocuparía en ella un lugar central, lleno de voces y de silencios, al ser autopercepción y desvelamiento… El Café es el escenario, público e íntimo, de una sabiduría irónica que se hace densa en medio de charlas, ruidos y rumores, entre el zumbido y a veces el rugido de la sociedad”.
Van ahí esos zumbidos y rugidos de Café que son de redes y vasos comunicantes lejanos y cercanos al poder, pero sobre todo con intenciones y posibilidades de incidir desde su trinchera. Son voces que la nueva gobernanza no procesa ni gestiona, porque, al fin y al cabo, como dijo uno: “David ya nos dijo que no nos preocupemos, que todo está controlado”.
De Salida
UNO. Todos hablan y gestionan como si el presente y el pasado fueran inmutables, igual que la incidencia de sus reglas. En marzo, a huevo o a fuerzas, habrá Reforma Electoral. Ya lo deslizó Ricardo Monreal: de un tiempo acá le toca obedecer y servir para sobrevivir.
DOS. Interesante será cuántos cabrán en las nuevas reglas y fórmulas de representación. Más interesante será lo que hagan los que no quepan. Chapulines a saltar.
TRES. Lamentable la ausencia de oposición en este proceso.
Sobre la Firma
Columnista con experiencia pública y mirada crítica.
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