SAÚL MONREAL ÁVILA
Al peor panismo de la historia conviene refrescarles la memoria pública, no por nostalgia, sino por rigor histórico, hoy, los mismos sectores conservadores y reaccionarios que durante años administraron el desastre nacional, pretenden reescribir la historia del combate al crimen organizado en México. Lo hacen con el cinismo de siempre, con la mentira como instrumento. Pero los datos son persistentes, y la realidad no se deja maquillar por la propaganda de quienes hoy, moral y políticamente derrotados, buscan engañar otra vez al pueblo de México.
Las cifras oficiales son contundentes, en los gobiernos de la Cuarta Transformación, encabezados por Andrés Manuel López Obrador y ahora por nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, se han destruido tres mil 24 narcolaboratorios en México. Sí, tres mil 24 centros de producción clandestina del crimen han sido localizados, intervenidos y desmantelados por el Estado mexicano. No hay precedente en la historia contemporánea del país y no existe punto de comparación.
Frente a ello, basta observar el registro de los gobiernos del viejo régimen para entender la magnitud del contraste, en el sexenio de Vicente Fox apenas se destruyeron ocho laboratorios, Ocho; en el gobierno de Felipe Calderón fueron 887. En el de Enrique Peña Nieto, 673. Es decir, juntos, los tres gobiernos del viejo modelo sumaron mil 568. La Cuarta Transformación, por sí sola, prácticamente duplicó esa cifra. Ese es el tamaño de la diferencia entre un régimen que simulaba combatir al crimen mientras pactaba con él y un gobierno que lo enfrenta con resultados verificables.
Por eso resultan no sólo hipócritas, sino francamente ridículos, los intentos de ciertos voceros del conservadurismo por instalar la narrativa de que en México no se combate al narcotráfico o de que existe complacencia con el crimen organizado. Mienten, como siempre, mienten porque es lo único que les queda, mienten porque la verdad histórica los condena.
No se puede hablar de combate al crimen desde la tribuna de quienes tuvieron como secretario de Seguridad Pública a Genaro García Luna, hoy condenado en Estados Unidos por sus vínculos criminales, no se puede hablar de autoridad moral cuando el rostro más visible de su estrategia de seguridad terminó exhibido como colaborador del narcotráfico, no se puede hablar de Estado de derecho cuando su modelo fue, precisamente, el del narcoestado.
Ahí están las pruebas: no sólo en los tribunales estadounidenses, no sólo en las sentencias y expedientes judiciales, sino también en los números duros del desempeño institucional.
La razón de fondo por la que hoy intentan cambiar la narrativa no es la seguridad, es la política. Quieren entregarle el país a Estados Unidos como ya se hizo una vez cuando sus antecesores ideológicos le entregaron la mitad del territorio al vecino del norte, quieren someter la voluntad soberana de cada mexicano a los designios de Washington. Son los herederos de una tradición entreguista, dependiente y antipatriótica y basta con verlos como ante las redadas de ICE, por ejemplo, no dicen nada, frente a los mas de 15 muertos en esos campos, no dicen nada, hoy el pueblo ya sabe quién defiende a la patria y quién la traiciona.
Sobre la Firma
Senador, académico, fundador de Morena, fresnillense.
saul.monreal@senado.gob.mx
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