CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
Zacatecas llega con números. No con discursos encendidos ni promesas nuevas. Números. Fríos, verificables, incómodos. Una caída del 89 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos entre noviembre de 2024 y marzo de 2026. De 1.47 a 0.16. Traducido: de casi una muerte y media al día a poco más de una cada seis días. En marzo, apenas cinco casos. Cuarto lugar nacional entre los estados con menor incidencia.
Las cifras no son un relato. Pero tampoco son inocentes.
Durante años, Zacatecas fue un mapa rojo. 2021 dejó una cicatriz profunda: 4.45 homicidios diarios. No era una estadística, era una rutina. Las cifras de hoy —las que se presentan en mesas de seguridad, en conferencias matutinas, en reuniones regionales— rompen esa inercia. Algo cambió. La pregunta es qué, cómo y cuánto de ese cambio es sostenible.
El todavía inquilino de La Casa de los Perros no habla solo. Lleva consigo el respaldo federal, el eco de la narrativa nacional de pacificación. La presidenta ha mencionado el caso. El dato circula. Se repite. Se instala. Zacatecas, antes ejemplo de descontrol, ahora se ofrece como argumento de eficacia.
Pero la paz, cuando llega, no siempre hace ruido. Y cuando hace ruido conviene observarla con cautela.
En la reunión regional efectuada en el vecino Aguascalientes no hubo euforia. Hubo coordinación. Gobernadores de entidades con realidades distintas —Guanajuato, aún atrapado en una espiral violenta; Jalisco, con equilibrios frágiles; Colima, con heridas abiertas; Nayarit y Aguascalientes, con menor presión— compartieron una misma preocupación: las fronteras no existen para el crimen.
Por eso la carretera 70. Por eso Ojuelos. Por eso los límites con San Luis Potosí. Las rutas importan más que los discursos. La violencia no se erradica, se desplaza. Y cuando se desplaza, encuentra nuevas grietas.
Zacatecas, en ese tablero, ocupa una posición incómoda: es tránsito, no destino. Es paso obligado. Lo que hoy parece control puede mañana migrar unos kilómetros al sur, al norte, al este. La estadística, entonces, se vuelve una fotografía. No una película.
Aun así, la disminución es real. Y eso importa.
Importa porque detrás de cada número hay una ausencia evitada. Una casa que no se queda en silencio. Una familia que no entra en duelo. La reducción de homicidios no es un logro menor, aunque incomode a quienes prefieren la narrativa del desastre permanente o, en el extremo opuesto, la del triunfo absoluto.
Ni una cosa ni la otra.
El riesgo está en convertir la cifra en escudo. En creer que el dato basta. Que el descenso es irreversible. Que la estrategia ya encontró su fórmula definitiva. La historia reciente del país enseña lo contrario: la violencia es paciente. Espera. Se adapta. Regresa.
Por eso la insistencia en lo regional. En la inteligencia compartida. En la coordinación que no entiende de límites administrativos. La presencia militar, la Guardia Nacional, la policía cibernética, los nuevos grupos de reacción: todos son piezas de un mismo intento por contener lo que durante años se desbordó.
Pero hay otra dimensión que no aparece en los informes. La percepción. La calle. El rumor.
Porque la gente no vive en porcentajes. Vive en trayectos nocturnos, en carreteras, en la memoria de lo que fue. Y la memoria no se reduce al ritmo de las estadísticas. Va más lento. Desconfía. Se protege.
Zacatecas empieza a moverse en ese terreno incierto: donde la cifra mejora antes que la sensación. Donde el gobierno habla de resultados y la ciudadanía mide riesgos. Ahí se juega lo que sigue.
La reunión en Aguascalientes no resolvió ese dilema. Lo encuadró. Mostró que la seguridad ya no puede pensarse en islas. Que lo que ocurre en un estado impacta al vecino. Que la feria, la carretera, el comercio y la vida cotidiana dependen de una red invisible de decisiones compartidas.
Zacatecas llega a esa mesa con algo que no tenía hace unos años: margen. No es poca cosa. Pero el margen no es victoria. Es apenas una tregua estadística.
Y las treguas, en este país, siempre exigen vigilancia. Porque la paz que se presume en números puede desvanecerse en silencio.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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