lunes, septiembre 14, 2026
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La Casa de los Perros | La cuenta pendiente de Jerez

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

En el Teatro Hinojosa se habló de rumbo. Pero debajo del lema había algo menos vistoso y bastante más importante: cuentas que durante años no encontraban salida, obligaciones que seguían creciendo y una administración municipal obligada a demostrar que gobernar también consiste en poner orden donde otros dejaron pendientes.

Rodrigo Ureño Bañuelos rindió su Segundo Informe de Gobierno y, como ocurre con casi todos los informes, el escenario se llenó de cifras: calles, drenajes, pozos, luminarias, plantas tratadoras, espacios públicos, policías, patrullas, festivales. El inventario sirve para llenar una presentación. La historia está en otra parte.

Está en los 58 millones de pesos que Jerez debía al Instituto Mexicano del Seguro Social y que, de acuerdo con lo informado por el alcalde, ahora suman 24 millones. Se han pagado más de 13 millones.

El resto no desapareció por decreto ni por una frase de campaña: forma parte de un proceso de negociación y saneamiento financiero que merece más atención que cualquier inauguración con cinta y tijeras.

Porque una deuda municipal no es una abstracción. Tiene nombres. Tiene trabajadores. Y tiene familias.

En este caso, el problema alcanzaba las prestaciones de más de 600 empleados del Ayuntamiento. Por eso reducir el pasivo con el IMSS no es solamente una buena noticia para una tesorería: significa recuperar margen de maniobra y, sobre todo, disminuir una incertidumbre que durante años estuvo colocada sobre la nómina municipal.

Días antes del informe, el propio gobierno había dado otro dato poco espectacular pero revelador: la recuperación de alrededor de tres millones de pesos correspondientes a incapacidades de tres ejercicios fiscales. La administración lo presentó como parte de una estrategia para poner al día obligaciones y mejorar la solvencia.

Ahí empieza a aparecer el verdadero significado de “Dos Años con Rumbo”. No en el eslogan. En la dirección.

Las cuentas públicas de 2024 y 2025 fueron aprobadas sin observaciones resarcitorias ni cantidades económicas pendientes de solventar, según lo reportado por el Ayuntamiento. Es un dato relevante, aunque conviene no confundir una cuenta pública aprobada con un certificado de perfección administrativa. La fiscalización es una obligación permanente, no una medalla que se cuelga una vez al año.

La otra cifra que exige detenerse es la de seguridad.

Jerez pasó, según Rodrigo Ureño, de 25 policías operativos a una corporación cercana a 140 elementos, además de incorporar patrullas, motocicletas y equipamiento. Semanas antes, el alcalde había hablado de 18 unidades de vigilancia y había colocado la seguridad como una de las prioridades de su administración.

El salto es considerable. Pero también aquí conviene mirar más allá del número.

Tener más policías no equivale automáticamente a tener más seguridad. Una corporación necesita capacitación, controles, salarios, inteligencia, coordinación y capacidad para permanecer en las calles sin convertirse en una estadística más. La verdadera prueba no está en cuántos uniformes aparecen en la fotografía del informe, sino en qué tan distinto se siente Jerez cuando cae la noche.

El Ayuntamiento también donó media hectárea para una futura estación de la Guardia Nacional. Es una señal de coordinación institucional que, en un municipio que busca recuperar visitantes, actividad económica y la confianza de sus comunidades migrantes, tiene una lectura que rebasa la obra física.

Y luego están las fiestas: la Jerezada, la Feria de Primavera, la Tostada, la Arracada, la Tambora y la Banda, el Carnaval, el Festival Jerez, Capital Migrante. No son adornos menores.

Para Jerez, cuya identidad cultural está estrechamente vinculada con sus tradiciones y con una comunidad migrante que sostiene buena parte de su vínculo económico y afectivo con el municipio, mantener vivo ese calendario también es una forma de gobierno.

Pero el mayor desafío para Rodrigo Ureño comienza precisamente después del informe.

Ya no basta con demostrar que hay rumbo. Habrá que demostrar que ese rumbo resiste.

Porque reducir una deuda es más difícil que anunciarla, y reconstruir una corporación policial toma más tiempo del que lleva comprar patrullas. Ordenar una administración exige paciencia, vigilancia y, sobre todo, cuentas que se puedan mostrar sin miedo.

Y gobernar un pueblo con historia significa entender que los resultados no pertenecen al alcalde que los anuncia, sino a la gente que tendrá que vivir con ellos cuando el templete ya esté vacío.

Los gobiernos pasan, como dijo Ureño. Las cuentas quedan. Y esas son las que verdaderamente cuentan.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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