miércoles, agosto 12, 2026
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La Casa de los Perros | El territorio de Verónica

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

Verónica Díaz Robles llega a esta etapa de la contienda interna de Morena con una fortaleza que no se improvisa ni se construye en una encuesta: territorio.

Su nombre ha recorrido los 58 municipios de Zacatecas, primero desde la responsabilidad pública y después desde la búsqueda de la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.

En una disputa donde los números cambian de una medición a otra, esa presencia puede ser uno de los activos políticos más importantes sobre la mesa.

No es un detalle menor. En Zacatecas, donde las distancias se miden también en horas de carretera, conocer el territorio significa algo más que haberlo visitado. Significa saber quién mueve una comunidad, qué preocupa en una región, dónde están los liderazgos y cuáles son las heridas que todavía no cierran.

Díaz Robles construyó parte de ese conocimiento durante su paso por la estructura federal de los Programas para el Desarrollo y hoy intenta convertirlo en una ventaja dentro de la disputa morenista.

Después de formalizar su registro a finales de junio, en el World Trade Center de la Ciudad de México, anunció una ruta por los 58 municipios. El planteamiento fue directo: fortalecer la organización y llevar el mensaje de la transformación hasta las comunidades.

No se trata de una estrategia novedosa —ningún aspirante puede darse el lujo de ignorar el territorio—, pero en su caso existe una diferencia: ya hay una red de relaciones construida antes de que comenzara esta carrera.

Jalpa ha sido una de las estaciones de esa ruta. Ahí se ha reunido con mujeres empresarias, migrantes, docentes, ganaderos, artesanos y otros sectores sociales. Más allá de la fotografía política, el dato revela el tipo de interlocución que Díaz Robles está buscando: no limitarse a las estructuras partidistas y ampliar la conversación hacia quienes sostienen la actividad económica y social de las regiones.

Ese es, quizá, su principal argumento.

El segundo está relacionado con la organización. Una campaña puede tener entusiasmo sin estructura, o reconocimiento sin operadores que lo sostengan; puede incluso tener una buena encuesta y carecer de la capacidad para convertir esa simpatía dispersa en movilización real.

Díaz Robles parece apostar, por lo contrario: construir desde abajo y esperar que los números terminen reflejando ese trabajo. Y hasta ahora, las mediciones ofrecen una fotografía más compleja.

La encuesta de Mendoza Blanco y Asociados, levantada cara a cara entre el 31 de julio y el 2 de agosto, coloca a Ulises Mejía Haro al frente de la preferencia interna de Morena, con 19.9 por ciento. Le siguen Geovanna Bañuelos, con 18.6; José Narro Céspedes, con 15.4; y Verónica Díaz, con 14.6 por ciento.

Es decir: Verónica no encabeza la carrera. Pero tampoco está fuera de ella.

La misma medición registra un dato que merece atención: su saldo de opinión pasó de 6.8 puntos positivos en mayo a 7.3 en agosto. El crecimiento es pequeño, pero va en la dirección correcta. Y en una contienda todavía abierta, la dirección de los números importa tanto como la fotografía del día.

También hay otro elemento que conviene no perder de vista: su nivel de conocimiento. Díaz Robles registra 38.7 por ciento, prácticamente a la altura de Ulises Mejía Haro, con 38 por ciento, aunque todavía por debajo de Geovanna Bañuelos, que alcanza 43.5.

Esto significa que buena parte del electorado todavía no se ha formado una opinión sobre ella: ahí puede perder terreno, o puede ser justo el espacio que le queda por ganar.

Díaz Robles ha optado, además, por un discurso que busca colocar la unidad por encima de la disputa personal. En una contienda donde participan perfiles de Morena, PT y Verde, y donde cada grupo tiene intereses propios, esa posición es más que cortesía política: puede terminar siendo indispensable.

En la asamblea celebrada en la capital zacatecana, el pasado fin de semana, insistió en que el movimiento no debe presentarse dividido y llamó a cerrar filas en torno al proyecto de Claudia Sheinbaum. Es un mensaje que deberá sostenerse cuando llegue el momento menos cómodo: cuando haya una decisión y algunos tengan que aceptar que no fueron ellos.

Ahí estará una de las pruebas reales de su discurso.

Porque, lo sabemos bien, recorrer Zacatecas es una cosa, pero construir una candidatura competitiva ya es otro cantar. Entre ambas queda todavía un buen trecho.

Hoy, Ulises Mejía lleva ventaja en las mediciones. Sería absurdo negarlo. Pero también sería apresurado dar por concluida una contienda que todavía depende de método, acuerdos, reconocimiento ciudadano, estructura y, sobre todo, de la decisión final de Morena.

Verónica Díaz tiene una carta que no cabe completa en una tabla de porcentajes: conoce el territorio y ha construido presencia en él.

Ahora toca ver cuánto vale esa carta cuando la contienda deje de ser recorrido y se convierta en decisión. El territorio no le garantiza el triunfo. Pero es la base desde la que compite, y por ahora, la carta más sólida que tiene sobre la mesa.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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