SAÚL MONREAL ÁVILA
Cada 16 de septiembre, México vuelve la mirada hacia uno de los momentos fundacionales de nuestra historia, no se trata únicamente de una fecha marcada en el calendario ni de una ceremonia que año con año reúne a familias, comunidades y autoridades para recordar el inicio de la Independencia. Es, sobre todo, una oportunidad para preguntarnos qué significa hoy ser una nación libre y qué responsabilidad tenemos para preservar aquello por lo que otros mexicanos estuvieron dispuestos a entregar su vida.
La madrugada del 16 de septiembre de 1810 abrió un proceso histórico que transformaría para siempre el destino de nuestro país, Miguel Hidalgo y quienes se sumaron a aquella lucha enfrentaron un orden político en el que las decisiones fundamentales sobre el territorio y sus habitantes no estaban en manos de los propios mexicanos. Después vendrían años de lucha, hasta alcanzar la consumación de la Independencia, la patria que hoy conocemos es resultado de ese esfuerzo colectivo.
Por eso, cuando hablamos de independencia no debemos reducir el concepto a una página de los libros de historia, la independencia política tiene una expresión permanente: la soberanía. Significa que México tiene derecho a determinar su propio rumbo, establecer sus leyes, defender sus intereses y tomar sus decisiones de acuerdo con la voluntad de su pueblo y con el marco de su Constitución.
Este principio ocupa un lugar central en el discurso de la Cuarta Transformación, la defensa de la soberanía nacional plantea que México debe relacionarse con el mundo desde una posición de respeto mutuo, cooperación y dignidad, sin aceptar relaciones de subordinación frente a ninguna potencia o poder extranjero. No significa cerrar las puertas al mundo ni desconocer la importancia de nuestros socios internacionales, al contrario.
México puede dialogar con cualquier gobierno, negociar con cualquier país y construir acuerdos que beneficien a nuestra sociedad, pero las decisiones sobre nuestro territorio, nuestras instituciones y nuestro futuro corresponden a los mexicanos. Esa es precisamente una de las lecciones que una fecha como el 16 de septiembre debe mantener viva.
La soberanía no debe entenderse solamente como un concepto histórico: también implica defender la capacidad del Estado mexicano para decidir sobre sus recursos, su economía, su seguridad, sus instituciones y sus políticas públicas.
Por eso debemos recordar a Hidalgo, Morelos, Allende, Josefa Ortiz de Domínguez y a tantos hombres y mujeres que hicieron posible nuestra libertad. No solamente para rendirles homenaje, sino para asumir la responsabilidad que heredamos.
Cada generación recibe una patria y tiene el deber de entregarla a la siguiente con dignidad, libertad y soberanía. Ese es uno de los significados más profundos del 16 de septiembre: México tiene amigos, socios y aliados en el mundo, pero su destino lo decide México. Con todos, colaboración; con todos, respeto; pero subordinación, nunca.
Sobre la Firma
Senador, académico, fundador de Morena, fresnillense.
saul.monreal@senado.gob.mx
BIO completa


