TANIA LIBERTAD SÁNCHEZ ROMERO
Al inicio de este 2026 es imprescindible reflexionar sobre los retos que enfrenta hoy la juventud zacatecana, particularmente aquellos vinculados a la salud mental y al sentido de vida.
Nuestros jóvenes crecen en un contexto marcado por la incertidumbre económica, la presión social, la sobreexposición digital y, en muchos casos, por entornos familiares y comunitarios frágiles.
Estas condiciones pueden generar sentimientos de soledad, desesperanza y desvalorización personal que, si no son atendidos oportunamente, derivan en riesgos graves como la ideación o conducta suicida.
Frente a este panorama, la escuela no puede asumirse como un espacio aislado ni como la única responsable. La prevención del suicidio juvenil exige un trabajo colaborativo y corresponsable entre padres de familia, docentes y personal administrativo.
Las familias cumplen un papel fundamental en la detección temprana de cambios emocionales y conductuales; los maestros, por su cercanía cotidiana con el estudiantado, pueden convertirse en figuras clave de acompañamiento y canalización; mientras que los administrativos contribuyen a generar condiciones institucionales de orden, atención y cuidado que fortalecen el clima escolar. Cuando estos actores trabajan de manera articulada, se construyen redes de apoyo reales y efectivas.
Desde las preparatorias de la UAZ, el reto no solo es académico, sino profundamente humano. Es necesario promover una cultura de la escucha, del respeto y del cuidado mutuo, donde hablar de salud mental deje de ser un tabú.
Acompañar a nuestros jóvenes implica reconocerlos como sujetos con emociones, conflictos y proyectos de vida en construcción.
Solo mediante una comunidad educativa unida, sensible y comprometida podremos ofrecer a la juventud zacatecana entornos seguros que favorezcan su bienestar, su permanencia escolar y, sobre todo, su derecho a vivir con dignidad y esperanza.
Sobre la Firma
Médica y académica, actualmente dirige la Unidad Académica Preparatoria de la UAZ
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