MA. DE LA LUZ DOMÍNGUEZ CAMPOS
El Día Internacional de la Mujer es una fecha para conmemorar la lucha y el esfuerzo de las mujeres por lograr el reconocimiento de sus derechos y, sobre todo, para que gobiernos y sociedad se comprometan con el respeto y la protección de los derechos humanos de las mujeres, el impulso de la igualdad sustantiva, la perspectiva de género y la consolidación de su plena participación en la vida pública y política.
Sin embargo, esta fecha es utilizada en muchas ocasiones por instituciones, gobiernos y empresas para aparentar apoyar las causas de las mujeres mediante discursos efusivos, eventos fastuosos, campañas publicitarias o simplemente colocarse moños morados; pero en realidad, en muchos casos solo se trata de purplewashing.
El llamado purplewashing o lavado violeta es una estrategia utilizada por gobernantes, empresarios o actores públicos para emplear el discurso feminista y de igualdad de género únicamente con el propósito de mejorar su imagen pública, sin acciones concretas ni cambios estructurales, manteniendo en su interior prácticas de desigualdad, exclusión y violencia.
En consecuencia, después de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer queda únicamente la incongruencia entre lo que se dice y lo que realmente se hace, porque todo se queda en el discurso político y no en cambios reales. No se implementan con efectividad políticas públicas, planes, programas, acciones y presupuestos con perspectiva de género que garanticen el ejercicio efectivo de los derechos humanos de las mujeres.
Podríamos advertir el riesgo de caer en prácticas de purplewashing en nuestro país y en nuestro estado, especialmente cuando persisten estadísticas devastadoras para las mujeres y acciones que aún resultan insuficientes para combatir la violencia, la discriminación y la exclusión.
Lo anterior se corrobora con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que refieren que durante los últimos siete años se han cometido 5,467 feminicidios y 3,416 homicidios contra mujeres; además, 43,868 denuncias por lesiones en su contra, mientras que miles de mujeres han sido reportadas como desaparecidas.
Asimismo, persisten importantes desigualdades en el ámbito laboral. La brecha laboral entre hombres y mujeres es de 29.4 %, pues la tasa de participación de las mujeres se ubica en 45.7 % del total de 103.1 millones de personas que integran el mercado laboral en el país. Además, del total de mujeres ocupadas, el 55.9 % se encuentra en condiciones de informalidad. A ello se suma que las mujeres ganan entre un 14 y un 18 % menos que los hombres por trabajos de igual valor, conforme a los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
Otro aspecto importante que enfrentan las mujeres es la doble jornada de trabajo. Además de laborar en empleos remunerados, dedican alrededor de 39 horas a la semana al trabajo doméstico en los hogares. A esto se suman las tareas de cuidados para atender a niñas, niños y adolescentes, así como a personas con discapacidad y personas adultas mayores, trabajo que no es remunerado ni reconocido en su justa dimensión.
También en el ámbito laboral las mujeres siguen enfrentando discriminación, hostigamiento y acoso sexual, así como otros tipos de violencia. Por lo tanto, si bien existen avances, aún no contamos con mecanismos eficaces que garanticen el ejercicio pleno de los derechos humanos de las mujeres.
La defensa de sus derechos, la igualdad sustantiva y su participación plena en la vida económica, social, política y laboral continúan quedándose, en muchos casos, únicamente en el discurso. Esta realidad contrasta con los múltiples eventos, mensajes y celebraciones que cada año se realizan en torno al Día Internacional de la Mujer en Zacatecas y en todo el país, los cuales, si bien contribuyen a visibilizar la lucha de las mujeres, resultan insuficientes si no van acompañados de acciones y políticas públicas eficaces.
Mientras los derechos de las mujeres no se promuevan, respeten, protejan y garanticen de manera efectiva, cualquier conmemoración corre el riesgo de convertirse únicamente en una expresión más de purplewashing.
El verdadero compromiso con las mujeres no se demuestra con discursos huecos ni con símbolos vacíos, sino con acciones concretas, políticas públicas eficaces y decisiones firmes que transformen la realidad de desigualdad, exclusión y violencia que aún enfrentan millones de mujeres en nuestro país y en nuestro estado.
El respeto a la dignidad de las mujeres y la igualdad sustantiva no deben ser promesas que se repitan cada 8 de marzo, sino una realidad que se construya todos los días y que garantice el pleno ejercicio de sus derechos, así como su acceso a la justicia y a la democracia.
Sobre la Firma
Abogada defensora de derechos y democracia.
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