ALDO PELÁEZ MEJÍA
México amaneció con un rumor que olía a pólvora. El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, no fue una noticia más. Fue un golpe simbólico al rostro más visible de la violencia contemporánea. Y, sin embargo, lo que más pesó ese domingo no fueron las balas.
Fue el silencio.
Un silencio espeso. Incómodo. Calculado.
En cualquier democracia madura, un hecho de esta magnitud tendría una narrativa clara, firme, institucional. Aquí tuvimos pausas. Vacíos. Declaraciones tibias. Como si el gobierno midiera cada palabra no para informar, sino para protegerse.
Y mientras tanto, el país seguía igual.
Porque el problema nunca ha sido un solo hombre. El problema es la estructura que permitió que creciera. El problema es la impunidad que lo hizo poderoso. El problema es el miedo que lo volvió cotidiano.
Durante años se nos dijo que la culpa era del pasado. Que todo era herencia maldita. Que el desastre tenía nombre y apellido anteriores. Pero el tiempo pasa. Los gobiernos cambian. Y las excusas caducan.
Hoy ya no alcanza con señalar hacia atrás.
Hoy toca asumir.
Asumir que gobernar implica enfrentar la realidad sin maquillaje ideológico. Que la dignidad política no está en repetir consignas, sino en tomar decisiones con carácter. Que la congruencia no se presume: se ejerce.
Un domingo atípico; en el que el silencio del gobierno no fue prudencia. Fue un síntoma.
Un síntoma de que el discurso ya no coincide con el país real. Un síntoma de que el poder, cuando se ve rebasado por la crudeza de los hechos, prefiere administrar la narrativa antes que encarar la verdad.
Pero México está cansado.
Cansado de vivir entre comunicados ambiguos y mañanas que prometen lo que las noches desmienten. Cansado de normalizar funerales. Cansado de convertir la violencia en estadística.
Ese domingo no fue un triunfo. Fue un espejo.
Un espejo que nos recordó que la transformación no se grita, se construye. Que la paz no se decreta, se garantiza. Que el poder no es para justificarse, sino para responder.
Si de verdad queremos un mejor país, el primer paso no es celebrar operativos ni administrar silencios.
Es reconocer que la responsabilidad tiene nombre: gobierno en turno.
Y que la historia no absolverá discursos.
Solo resultados.
En la mira.
Sobre la Firma
Dirigente estatal del PAN en Zacatecas, abogado y maestro en Derecho
aldopm1988@gmail.com
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