miércoles, febrero 11, 2026
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La Casa de los Perros | El opositor posible

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

En Zacatecas, la oposición camina con una piedra en el zapato: puede tener razón, puede tener discurso, puede incluso tener figuras competitivas. Pero sin acuerdo, no tiene destino. La elección de 2027 no se decidirá entre épicas. Se decidirá entre aritméticas.

Los números son fríos. El PAN, medido en solitario, oscila entre 11.7 y 16.3 por ciento de preferencia. Morena y sus aliados rondan el 37.9. La suma simple no siempre alcanza. La dispersión es una forma elegante de perder.

En ese paisaje aparece Miguel Varela. No como salvador. No como redentor. Aparece como posibilidad.

En la capital del estado, su aprobación como alcalde alcanza 55.6 por ciento al cierre de enero de 2026. Es el edil mejor evaluado según la encuestadora Demoscopia. Dentro del PAN, concentra entre 45.2 y 49.9 por ciento de respaldo entre simpatizantes, dejando a su competidora más cercana, Noemí Luna Ayala, casi treinta puntos abajo.

Ese dato dice algo esencial: hoy, Miguel Varela es el principal activo opositor. Pero también dice algo incómodo: su capital personal es mayor que el de su partido. Esa brecha explica muchas cosas.

Varela llega a este punto después de una elección municipal áspera, definida por apenas tres mil 301 votos. Una contienda que derivó en la anulación inicial de su triunfo por el Tribunal Electoral local y que terminó resolviéndose en la Sala Superior del TEPJF, donde se restituyó su victoria.

Ese episodio no fue menor. Lo colocó, de golpe, en una narrativa de resistencia frente al poder estatal. Su equipo habló de presiones desde el gobierno del todavía inquilino de La Casa de los Perros. Él denunció intereses económicos detrás del proyecto del Segundo Piso del bulevar metropolitano, una obra de más de siete mil millones de pesos que rechazó públicamente.

Desde entonces, su administración ha construido un eje: seguridad y espacio público.

Varela sostiene que, mediante coordinación con Guardia Nacional y Ejército, y manteniendo continuidad técnica en la secretaría municipal, la capital se encuentra entre las diez ciudades con mejor percepción de seguridad. El dato convive con una realidad más amplia: carreteras peligrosas, regiones completas bajo tensión, comunidades que viven con miedo.

No promete haber resuelto el problema. Promete que no se resigna. Ese matiz importa.

En lo político, su discurso se ha ido endureciendo. Habla de “estado fallido”. Denuncia el desmantelamiento del municipalismo tras la desaparición de fondos federales como Fortaseg, Fondo Minero y apoyos a Ciudades Patrimonio. Repite una cifra que funciona como síntesis: la Federación maneja 80 por ciento del presupuesto, los estados 16, los municipios apenas 4.

Propone duplicar esa proporción. No es una consigna revolucionaria. Es una demanda de supervivencia institucional.

En paralelo, el PAN intenta construir un relato de alternancia basado en el hartazgo social. Argumenta que Morena y sus aliados gobiernan municipios que concentran 760 mil habitantes, mientras la oposición gobierna otros donde viven 735 mil. La diferencia es de apenas 25 mil personas.

Un estado partido casi en dos. Ahí está el dilema. Miguel Varela puede ser competitivo. El PAN solo, no.

Massive Caller lo muestra con claridad: Morena-PT-PVEM 37.9 por ciento. PRI 18.7. PAN 16.3. Sumados, PAN-PRI rondarían el 35. Siguen abajo, pero ya no irrelevantes. Ya no testimoniales. Competitivos.

La diferencia entre competir y simular se llama alianza. Y las alianzas exigen algo que la política suele detestar: renuncia al ego.

Varela habla de una “alianza con la ciudadanía”. El concepto suena bien. Pero la realidad electoral mexicana es menos romántica. Las estructuras partidistas siguen importando. Los votos duros existen. Las sumas aritméticas también.

Si Miguel Varela quiere ser algo más que una figura bien evaluada, tendrá que aceptar que su destino no depende sólo de su gestión, sino de su capacidad para sentarse con quienes no piensan como él.

PAN y PRI cargan historias de traición mutua, rencores añejos, facturas sin pagar. Pero también comparten una verdad: separados, pierden.

La aparición de Noemí Luna, con aspiraciones a la alcaldía y respaldo de figuras nacionales, introduce otro factor: competencia interna que, mal gestionada, puede convertirse en autodestrucción.

El riesgo no es que Morena gane. El riesgo es que la oposición se suicide.

Miguel Varela hoy encarna una paradoja: es la carta más fuerte de su bloque y, al mismo tiempo, depende menos de su partido que de su madurez política.

No se trata de convertirse en mesías. Se trata de entender el momento. Zacatecas no necesita héroes. Necesita acuerdos.

Porque en esta elección, el verdadero adversario no es el partido en el poder. Es la soberbia. Y la soberbia, casi siempre, gobierna sólo un sexenio: el de la derrota.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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