miércoles, febrero 11, 2026
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Trump califica de “terrible” el espectáculo de Bad Bunny

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, arremetió contra la actuación del artista puertorriqueño Bad Bunny en el intermedio del Super Bowl LX, calificándola como una de las “peores de la historia”. A través de su red Truth Social, el mandatario sostuvo que el espectáculo, íntegramente en español, representa una afrenta a los valores culturales estadounidenses y cuestionó la calidad artística de la puesta en escena.

La crítica presidencial trasciende lo estético para situarse en el centro de la fractura ideológica que atraviesa el país. Mientras la producción de la NFL apostó por visibilizar la diversidad y la influencia latina en un evento de alcance global, Trump interpretó la narrativa del show como una desconexión con la excelencia y los estándares tradicionales de Estados Unidos. Sus quejas sobre la ininteligibilidad de las letras y el carácter “repugnante” de las coreografías subrayan una resistencia frontal a la consolidación del bilingüismo y la cultura hispana en los espacios de mayor audiencia nacional.

El choque cultural se produce en un escenario de alta carga simbólica. Bad Bunny utilizó la plataforma del Levi’s Stadium para integrar referencias explícitas a la identidad latina, en lo que sectores progresistas han interpretado como una respuesta a las políticas migratorias y el discurso nacionalista de la administración Trump. Para el presidente, sin embargo, el respaldo de los medios de comunicación a la presentación es una muestra más de la brecha entre las élites culturales y lo que él denomina el “mundo real”.

Este episodio no es un hecho aislado, sino una extensión de la retórica gubernamental hacia la industria del entretenimiento y las ligas deportivas. Trump aprovechó la diatriba para cuestionar incluso los cambios técnicos en el reglamento de la NFL, vinculando la evolución del juego y del espectáculo con una supuesta decadencia del espíritu nacional. El conflicto reafirma la polarización sobre la identidad estadounidense en un momento donde la presencia latina reclama, no sin resistencia política, un papel protagónico en la narrativa del éxito del país.

LNY | Redacción

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