ANGÉLICA COLIN MERCADO
En el debate contemporáneo sobre la educación superior, las universidades públicas y la mejora continua suelen presentarse como posturas distintas; sin embargo, en la práctica, son enfoques necesariamente complementarios para alcanzar la excelencia académica.
Instituciones públicas como la Universidad Autónoma de Zacatecas, comprometidas con la formación integral, la investigación y el compromiso social, operan en contextos complejos donde su función social implica atender a diversos grupos de interés y adaptarse constantemente a las necesidades del entorno.
La mejora continua, entendida como un mecanismo fundamental para lograr excelencia y pertinencia en los procesos educativos y administrativos, se posiciona en la literatura académica como un enfoque estratégico para fortalecer tanto los resultados académicos como los servicios institucionales.
Investigaciones recientes señalan que los procesos de mejora continua en la educación superior deben abarcar no solo la enseñanza y la investigación, sino también la calidad de los servicios administrativos y la satisfacción de los usuarios internos y externos (Bajramovic, 2024).
De igual manera, estudios sobre la implementación de mejoras en los servicios administrativos destacan factores clave como la cultura organizacional, la comunicación efectiva y el compromiso del personal, elementos esenciales para que los cambios sean sostenibles y efectivos.
Estas perspectivas permiten comprender que, aunque las universidades públicas enfrentan retos estructurales —financieros, burocráticos y de evaluación externa—, la adopción de modelos de mejora continua ofrece una ruta viable para fortalecer la calidad de sus procesos.
En este sentido, la mejora continua no debe entenderse como una moda gerencial, sino como una práctica sistemática orientada a la evaluación permanente, la innovación y la adaptación a nuevas demandas académicas y sociales (Condor, 2025).
En el caso particular de la UAZ, la institución ha incorporado en sus objetivos estratégicos la promoción de una cultura de evaluación y mejora continua como parte de su trayectoria hacia la calidad educativa.
Entre los ejes rectores de este compromiso se encuentra el fortalecimiento de los sistemas de información institucional, la evaluación permanente de los programas académicos y la facilitación de procesos de autoevaluación y seguimiento de recomendaciones emitidas por organismos acreditadores.
Esto evidencia la convergencia entre la misión social de una universidad pública y la necesidad de desarrollar procesos de mejora que permitan responder con pertinencia y eficacia a las demandas de sus estudiantes y de la sociedad.
En este marco, el rol de la Secretaría Administrativa de la UAZ resulta clave como facilitadora de recursos y promotora de una gestión eficiente.
La mejora continua en un contexto público requiere que esta área provea soporte logístico y administrativo oportuno —desde la asignación responsable de recursos hasta el seguimiento de indicadores de calidad— para asegurar que los procesos académicos y operativos funcionen de manera articulada y alineada con los objetivos institucionales.
Su intervención permite que las acciones de mejora no se queden en diagnósticos aislados, sino que se traduzcan en resultados concretos y sostenibles.
Así, la aparente tensión entre la naturaleza pública de una universidad y la práctica de la mejora continua no constituye una contradicción, sino una dialéctica necesaria.
Las universidades públicas buscan cumplir su misión social y educativa, y la mejora continua aporta los mecanismos sistemáticos para evaluar, ajustar y perfeccionar sus procesos.
Para que la excelencia académica se materialice de forma integral, es indispensable asumir la mejora continua como un valor institucional y reconocer a áreas estratégicas, como la Secretaría Administrativa, como aliadas fundamentales en la construcción de calidad y pertinencia educativa.
Sobre la Firma
Educadora crítica, madre, directiva universitaria comprometida.
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