CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ
En Zacatecas ya nadie compra espejitos. La encuesta de Arias Consultores lo confirma con números que cortan como navaja: seguridad, corrupción, economía y hasta la palabra de la presidenta Claudia Sheinbaum naufragan en la tierra colorada. Aquí, la incredulidad no es un sentimiento pasajero: es la regla.
Solo el 19.1% de los zacatecanos se siente seguro. El otro 80.9% carga con la sombra de la violencia en la espalda. No es paranoia: es estadística de sangre. Zacatecas aparece en el decimotercer lugar nacional en percepción de inseguridad, pero el dato engaña: más allá del puesto en la tabla, lo que importa es la contundencia del sentimiento. Ocho de cada diez habitantes viven con el miedo como compañero de ruta.
Mientras en Oaxaca más de la mitad de la población afirma sentirse segura —53.7%, nada menos—, en Zacatecas los homicidios, levantones, extorsiones y territorios controlados por el crimen marcan la cotidianidad. El contraste es brutal: mientras unos celebran fuentes secas y festivales, aquí la pregunta no es si habrá más desapariciones, sino a quién le toca ahora.
En el combate a la corrupción, el panorama es aún más sombrío. Apenas un 14.3% de los zacatecanos cree que el gobierno federal lo hace bien. El 78.7% sentencia lo contrario. La cifra coloca a Zacatecas en el penúltimo escalón del país, compartiendo la desconfianza con estados que cargan sus propios fantasmas.
Y no es para menos. En un estado donde obras inconclusas se multiplican, donde la burocracia se engorda mientras los servicios públicos adelgazan, la palabra “corrupción” ya no sorprende: se asume como parte de la normalidad. Si el río suena, es porque agua lleva. Y aquí suena con estruendo.
El terreno económico no pinta distinto. Solo un 16.4% cree que la federación impulsa bien el desarrollo y el empleo; tres de cada cuatro opinan lo contrario. El zacatecano no necesita encuestas para confirmarlo: basta con ver los negocios cerrados en el Centro Histórico, los jóvenes que migran sin mirar atrás y las remesas que sostienen familias enteras como último salvavidas.
Mientras Oaxaca alcanza un sorprendente 66.6% de aprobación en desarrollo económico, Zacatecas se hunde en el sótano. La diferencia no solo es estadística: es una brecha que marca desigualdades, olvidos y prioridades políticas que no llegan hasta acá.
Y, como si todo lo anterior no bastara, la credibilidad presidencial se desmorona en Zacatecas con la misma fuerza que los cerros erosionados por la minería. Solo un 24.3% cree que Claudia Sheinbaum dice la verdad, frente a un demoledor 75.7% que la tacha de mentirosa.
El dato es demoledor por dos razones. Primero, porque Zacatecas ocupa el último lugar del país: ni uno más abajo. Segundo, porque la distancia con estados como Oaxaca, donde el 80.9% de los habitantes confían en la presidenta, es de 56.6 puntos porcentuales. Una fractura regional que pinta de cuerpo entero la polarización nacional.
En la narrativa oficial, Sheinbaum presume continuidad, estabilidad y honestidad. Pero en Zacatecas, como dice el refrán, “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.
El gobierno federal puede insistir en que “todo marcha bien”, pero los números lo contradicen. En Zacatecas, la palabra oficial ya no alcanza. La política de abrazos sin resultados, las giras llenas de promesas y los discursos desde Palacio se estrellan con una realidad que no perdona.
Aquí, la gente ya no escucha a la presidenta: la mide, la evalúa y la sentencia. Y los datos dicen que la condena es clara.
En La Casa de los Perros lo saben: cuando la confianza se quiebra, no hay encuesta que la repare. Y Zacatecas, hoy, es el espejo más roto del país.
Sobre la Firma
Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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