Zacatecas, Zac.- l investigador de la UAZ Sigifredo Esquivel Marín advirtió que el discurso del odio y el fascismo actual se propagan mediante nuevas estrategias narrativas, sobre todo en entornos digitales, y profundizan la polarización social. Lo expuso en la conferencia “Discurso del odio y fascismo”, del IX Coloquio Internacional de Argumentación y Retórica.
Esquivel Marín, de las unidades de Docencia Superior y de Filosofía, explicó que en las sociedades digitales estas prácticas movilizan mecanismos de dominación, integración y polarización en los que la intolerancia y la violencia se vuelven bandera contra quienes se consideran diferentes.
Tomó como referencia las campañas presidenciales de Donald Trump, Javier Milei y Jair Bolsonaro para describir cómo la extrema derecha construye discursos autoritarios a partir de una supuesta guerra cultural. Según su exposición, el proceso inicia con la invención de una nación homogénea, basada en valores como la familia, la religión y un Estado fuerte. Luego se señala al otro como amenaza para el bien común y se moviliza a la opinión pública en su contra. El enemigo puede ser el comunista, el migrante, el político de izquierda o el integrante de una minoría racial o étnica, y esa narrativa justifica someter, adoctrinar o eliminar al diferente.
El académico afirmó que este modelo pone la información y la comunicación al servicio de una causa y de un liderazgo: “La información, la comunicación y la propaganda son una misma cosa y una misma causa al servicio de ese discurso y de su líder”. Añadió que incluso los hechos comprobables pueden rechazarse si se perciben contrarios al orden que se quiere defender, y que los argumentos se valoran por su utilidad para esa causa, no por su sustento en la verdad. En ese escenario, dijo, las emociones cobran un papel central y la verdad doctrinaria se asume superior a la verdad fáctica, lo que desplaza el análisis crítico y el diálogo razonado.
Como respuesta, planteó narrativas y prácticas ético-políticas democráticas, antifascistas, anticapitalistas y antimaniqueístas. Citó como ejemplo al llamado “ejército de Lula”, una experiencia de autoorganización de la sociedad civil brasileña que, según su análisis, articuló resistencia frente al odio, la desinformación y el control mediático durante las elecciones en Brasil.
Propuso además recuperar la dimensión sentipensante desde la educación y construir una esfera pública crítica y solidaria. Planteó criterios normativos basados en un pacto multiespecie y en la justicia social para los sectores desprotegidos, desde una visión no antropocéntrica ni eurocéntrica, y confrontar la retórica del odio con una pedagogía del amor radical. Al concluir, llamó a mantener abiertos los espacios de diálogo y a no desanimarse “ante la embestida brutal de los nuevos fascismos”.
LNY | Redacción

