jueves, noviembre 5, 2026
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¿Apagar las pantallas en el salón de clase a una generación digital?

TANIA LIBERTAD SÁNCHEZ ROMERO

La discusión sobre apagar las pantallas en el salón de clase a una generación digital representa uno de los grandes desafíos de la educación contemporánea. Actualmente, las y los jóvenes han crecido en un entorno donde los teléfonos inteligentes, las redes sociales, las plataformas digitales y la inteligencia artificial forman parte de su vida cotidiana. Pretender que la escuela permanezca al margen de esta realidad sería desconocer las transformaciones sociales, culturales y tecnológicas que experimentan las nuevas generaciones.

Sin embargo, tampoco podemos asumir que tener acceso permanente a la tecnología significa saber utilizarla de manera adecuada. Uno de los principales problemas en las aulas es la distracción que generan las pantallas, pues las notificaciones, los videojuegos y las redes sociales pueden desplazar la atención de los procesos de aprendizaje, afectar la concentración y limitar la interacción entre estudiantes y docentes.

Considero que el debate no debería centrarse exclusivamente en apagar o permitir las pantallas, sino en comprender para qué, cuándo y cómo utilizarlas. La tecnología no sustituye al docente, ni garantiza por sí misma una educación de calidad. Es una herramienta que, utilizada con intención pedagógica, puede favorecer la investigación, el pensamiento crítico, la creatividad, la colaboración y el acceso al conocimiento.

La escuela tiene precisamente la responsabilidad de formar ciudadanos capaces de desenvolverse en una sociedad digital, pero también de desarrollar habilidades para discernir información, reconocer noticias falsas, proteger su privacidad y establecer relaciones saludables con la tecnología.

Por ello, prohibir las pantallas de manera absoluta podría significar perder una oportunidad educativa; permitirlas sin regulación también sería una irresponsabilidad. Se requiere establecer acuerdos, criterios pedagógicos y momentos específicos para su utilización, sin perder de vista la importancia de la lectura, la escritura, el diálogo, la reflexión y la convivencia presencial.

En conclusión, no se trata de apagar las pantallas, sino de encender el pensamiento crítico. El verdadero reto de la educación media superior no es competir con la tecnología, sino enseñar a las juventudes a utilizarla con responsabilidad, autonomía y sentido humano. La escuela debe formar personas que dominen la tecnología y no personas dominadas por ella.

Sobre la Firma

Médica y académica, actualmente dirige la Unidad Académica Preparatoria de la UAZ
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