JACOBO CRUZ
El pasado 11 de octubre, publiqué videos en mis redes sociales que fueron ampliamente difundidos y comentados en el marco de la protesta nacional contra el desabasto de medicamentos, los salarios insuficientes y el deterioro de las condiciones laborales por parte del personal de salud de México.
El primero de ellos fue sobre la UMAA No. 28 del IMSS, en Tepic, Nayarit, donde cientos de voces, unidas en una sola consigna, denunciaban: ¡No te vayas a enfermar no tenemos material! https://www.facebook.com/
La segunda postura en los comentarios se centró en culpar a los mexicanos de sus enfermedades por no cuidarse, por comer mal y por querer todo gratis, muchos denunciaron que las carencias se deben a que el personal que labora se roba los medicamentos, materiales e insumos. Además, un buen número de señalamientos fue sobre que los médicos son oportunistas, abusivos y que quieren desestabilizar al país y desprestigiar a la presidente Claudia Sheinbaum; que además de rateros son cínicos por estar exigiendo algo que ellos mismos provocan.
Personalmente, los ataques que recibí fueron que soy un prianista ardido, que ya no tengo privilegios, pero que todo funciona de maravilla, a lo que puedo contestar: yo y mi familia hemos padecido las consecuencias del mal funcionamiento de los hospitales: me cancelaron citas por no haber material, tuvimos que pagar varios estudios en Salud Digna; y las operaciones para recuperar mi salud, finalmente se dieron en una clínica privada.
El segundo video que publiqué fue sobre la reparación exprés en varias clínicas del IMSS en Michoacán ante la eventual visita de la presidenta de México. https://www.facebook.com/
Aquí los comentarios se centraron en que eso confirmaba la situación deplorable de los nosocomios en todos los aspectos y las carencias que de forma permanente limita al personal de salud para brindar un trato digno y de calidad a los usuarios, pero ante la posible visita sorpresa se destinaron recursos para demostrar a la presidenta que todo está bien; y afirmar que, en efecto, es sólo propaganda para desprestigiar a la mandataria.
Sin embargo, los datos oficiales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) muestran una tasa nacional de surtimiento de recetas que oscila entre el 94% y el 97%. Esta cifra genera un efecto similar al de un placebo, sugiriendo un sistema de salud que funciona razonablemente bien. Sin embargo, los mismos trabajadores denuncian que esta estadística está siendo redefinida por una práctica más encubierta.
Ha trascendido que es una directriz oficial: “Si no hay recetas sin surtir, no se puede hablar de desabasto de medicamentos”. Esto significa que los pacientes de las unidades de medicina familiar reciben una receta deliberadamente reducida, acompañada de una instrucción sencilla: esperar a la cita del mes siguiente; tal vez entonces el medicamento “esté disponible”. Durante ese mes de espera, el tratamiento queda efectivamente suspendido. Así la lógica en la 4t.
El director del IMSS, Zoé Robledo, atribuyó el problema a incumplimientos contractuales por parte de las empresas farmacéuticas, señalando que se estaban cancelando contratos con firmas como PISA Farmacéutica y reteniendo pagos por medicamentos no entregados, esta afirmación tiene cierto fundamento. Sin embargo, la complejidad del abastecimiento de medicamentos radica en que las tasas de suministro no equivalen a la continuidad del tratamiento.
Una tasa de suministro del 94% implica que podrían faltar seis de cada cien medicamentos; no obstante, si el fármaco ausente resulta ser la medicación diaria de un paciente epiléptico o diabético, la tasa de suministro efectiva para ese individuo es cero. Además, con el simple hecho de dejar de recetar los medicamentos faltantes, esa “brecha” del 6% desaparece por completo de las estadísticas oficiales, así, la interrupción del tratamiento del paciente se transforma en una silenciosa decisión administrativa.
Las cuestiones salariales agravan esta sensación de absurdo, del “aumento histórico” del 6,8% anunciado por el IMSS, solo el 2,9% se destinó directamente al salario base, mientras que el resto se asignó a una categoría de subsidio de vivienda conocida como “Concepto 11”. Para gran parte del personal administrativo y técnico, esto supuso un incremento en el salario neto mensual de apenas unos cientos de pesos. “Nos dieron un aumento de cien pesos y, sin embargo, a veces ni siquiera tenemos un rollo de vendas”, comentó una manifestante.
Así están las cosas. Mientras tanto, en todo el país tenemos a médicos, enfermeras o camilleros que de denuncian que no hay gasas, medicamentos ni estudios en los servicios de salud pública
¿Quién se beneficia con el mal funcionamiento y el desprestigio de la salud pública?
El mal funcionamiento y el desprestigio obligan a los derechohabientes a endeudarse para curarse sus males en los hospitales privados que cada día compran aparatos modernos, arreglan sus edificios y contratan a los mejores médicos para curar a los pacientes, mejor dicho, a los clientes, porque tratándose de una empresa privada allí todo servicio es una mercancía que la compra quien tiene el dinero.
Mientras las cosas no cambien, los mexicanos debemos seguir denunciando los problemas. Todo aquel ciudadano mínimamente informado debe cuestionar el ejercicio del poder, (aunque sea en las redes sociales), debemos decir que las cosas están mal en el país aunque Morena esté reprimiendo y censurando y debemos aguantar el ataque masivo y directo de los bots del bienestar mediante empresas financiadas con el erario. Imposible quedarse callado.
Sobre la Firma
Ingeniero, docente, voz del antorchismo.
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