jueves, septiembre 17, 2026
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La Casa de los Perros | Ahora toca juntar las piezas

CLAUDIA G. VALDÉS DÍAZ

La fotografía más importante de la reunión de Morena en el World Trade Center no fue la del anuncio, sino la que quedó después.

Verónica Díaz Robles al frente; José Narro Céspedes, Julia Olguín Serna y Zaira Villagrana a su lado. Hasta unas horas antes competían por el mismo espacio, y ahora aparecían juntos en la escena donde empieza otra etapa. Y es que, a diferencia de las encuestas, la política no termina cuando aparece un nombre en la pantalla.

Morena cerró el martes su proceso interno para definir la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Zacatecas. Citlalli Hernández anunció la decisión y la dirigencia nacional dio por concluido un procedimiento en el que participaron siete perfiles de Morena, PT y PVEM.

Al final, la responsabilidad recayó en Verónica Díaz Robles, quien recibió la encomienda para conducir una etapa que, si bien no dejará atrás las encuestas ni los registros —faltan los coordinadores distritales y municipales—, tendrá como prioridad el territorio, los acuerdos y la capacidad de interlocución.

La explicación oficial: Díaz Robles obtuvo el resultado favorable en el ejercicio de encuestas. Con esa definición terminó la competencia interna y comenzó para ella una tarea bastante más complicada: convertir un resultado individual en una coordinación capaz de sumar a quienes llegaron hasta el final del proceso por rutas distintas.

Y ahí empezó lo verdaderamente importante.

Una encuesta puede ordenar una boleta interna, pero no decreta por sí sola una coalición. No cose heridas, no reparte responsabilidades, no construye acuerdos. Mucho menos resuelve las diferencias entre quienes recorrieron el estado durante semanas convencidos de que podían encabezar el proyecto.

Por eso vale más mirar lo que pasó en el salón que seguir repitiendo la discusión sobre quién esperaba ganar.

Hubo reclamos, y quedaron registrados: simpatizantes de José Narro gritaron “fraude” durante el anuncio, y la dirigencia nacional pidió preservar la institucionalidad del acto.

Ese episodio forma parte de la historia inmediata y sería absurdo esconderlo debajo de la alfombra. Pero tampoco conviene convertir unos minutos de tensión en toda la fotografía, porque mientras unos protestaban, otros ya entendían que la siguiente batalla no era por la coordinación.

Narro permaneció en el acto. Julia Olguín y Zaira Villagrana también. Los tres habían competido por la posición, y su presencia junto a la nueva coordinadora dice algo más útil que cualquier interpretación apresurada: terminada la contienda, empieza la negociación.

Y esa negociación tendrá nombres. También tendrá agenda. Y tendrá que encontrar en Díaz Robles algo más que la condición de quien recibió la encomienda: tendrá que encontrar a quien pueda sentarse con los demás, escuchar y construir.

Carlos Puente Salas, desde el Partido Verde, puso sobre la mesa algo que puede pesar más que cualquier gesto ceremonial: desarrollo económico, industrialización, empleos y mayor autonomía financiera para Zacatecas.

No fue una adhesión incondicional, sino la presentación de una agenda, con la expectativa de que la nueva coordinación la incorpore.

Narro, por su parte, ha planteado que su compromiso con el proyecto de nación y con Morena no depende de ocupar un cargo. Esa posición no borra las diferencias, pero abre una puerta y eso importa más que los aplausos.

Ahí aparece uno de los primeros desafíos para Díaz Robles: no basta con sumar nombres a una fotografía, hay que lograr que quienes llegaron con propuestas propias encuentren razones para caminar dentro de un mismo proyecto sin tener que renunciar a ellas.

La ausencia de Ulises Mejía Haro, Geovanna Bañuelos y el propio Puente en el acto de presentación deja asuntos pendientes.

En el caso del Verde se informó que Puente atendía un problema de salud; la ausencia de los otros perfiles tendrá que encontrar su propia explicación política.

Ulises Mejía Haro, por ahora, no ha hecho público un posicionamiento sobre la definición. Pero su entorno sí habló. Su esposa Karen Méndez, en redes sociales, describió al exalcalde como “valiente” y “honesto”, aseguró que “no se raja” y afirmó que están “más que nunca echados pa’delante” para devolverle la grandeza a Zacatecas, antes de rematar: “Ulises es la esperanza de Zacatecas”.

Un mensaje que, sin ser todavía una postura formal del propio Mejía Haro, deja claro que la historia de esta contienda tampoco terminó el martes.

Pero precisamente por eso los próximos días serán más interesantes que el martes. La nueva coordinadora llega a una mesa donde no todos piensan igual, y eso no es necesariamente una anomalía: es la condición natural de una coalición que pretende competir en 2027 con Morena como fuerza central y con PT y PVEM como aliados, pero que reúne historias, intereses y proyectos distintos.

La unidad, así, tendrá que dejar de ser una palabra de discurso para convertirse en método. Díaz Robles lo dijo en su primer mensaje: unidad no significa pensar igual, sino reconocer una causa y un compromiso común con Zacatecas.

Ahora le corresponde demostrar que esa frase puede convertirse en una forma de conducir el movimiento: sin borrar las diferencias, pero sin permitir que las diferencias terminen por borrar el proyecto.

Es una frase sencilla. Lo difícil será convertirla en práctica: habrá que hablar con quienes perdieron, con quienes se ausentaron, con quienes cuestionaron, con quienes tienen estructura propia, con quienes representan otros partidos, y también con quienes no tienen partido, pero sí territorio, organización y memoria política. Ahí estará la prueba.

La oposición, mientras tanto, hará lo que corresponde a una oposición: intentará convertir las diferencias internas del oficialismo en argumento electoral. El todavía inquilino de La Casa de los Perros ha respondido desestimando ese riesgo y describiendo a sus adversarios como una oposición “moralmente derrotada”.

Es una lectura política, no un hecho consumado; la realidad electoral de 2027 todavía está por escribirse.

Y quizá ahí esté lo que conviene no perder de vista: la definición del martes no clausuró la sucesión, la abrió.

Verónica Díaz Robles ya tiene la encomienda. Ahora tendrá que construir la coordinación. Y eso significa sentarse con quienes ayer fueron sus competidores, encontrar puntos de coincidencia con quienes tienen agenda propia y mantener unido un bloque que, precisamente porque es plural, no piensa de la misma manera.

Los acuerdos difíciles todavía no ocurren. Serán los que no caben en una fotografía, los que exigen escuchar a quien ayer era adversario interno y los que obligan a compartir espacio sin pedir uniformidad. La encuesta terminó. Para Verónica, ahora empieza la parte difícil.

Sobre la Firma

Periodista especializada en política y seguridad ciudadana.
claudia.valdesdiaz@gmail.com
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